La pifia del falso policía: Detiene sin querer a un detective de verdad

0
0

Señoras y señores, prepárense para la historia de un hombre que, o bien tenía un exceso de confianza desmedida, o una carencia total de sentido común. Nos trasladamos a Brandon, Florida, donde un tal Matthew Joseph Erris, de 28 años, decidió que la vida de civil era demasiado aburrida y se montó su propia patrulla policial. Y no, no estamos hablando de un juego de niños.

La cosa prometía ser una noche de emociones fuertes para Erris. Armado con una estrategia que solo él entendía, se puso manos a la obra con un atuendo que ríete tú del mejor disfraz de carnaval: un chaleco táctico de airsoft (sí, de airsoft, como los que usan para jugar a tiros de mentira), un cinturón de servicio completo con esposas y, para darle el toque final, una réplica de pistola de balines. Su vehículo de «trabajo» no era otro que un majestuoso Crown Victoria blanco, al que le había añadido luces azules y rojas en el salpicadero y el espejo retrovisor. Un auténtico arsenal para un aspirante a agente de la ley.

Eran las 1:30 de la madrugada cuando Erris, creyéndose el sheriff del condado, avistó un coche en la intersección de West Lumsden Road y John Moore Road. Luces encendidas, sirenas mentales a todo volumen (porque reales, ni de broma), y a por él. La víctima de su «detención» fue un coche que, por cosas del destino, conducía un detective del Sheriff del Condado de Hillsborough que estaba fuera de servicio. Menuda potra, ¿eh?

El detective, un hombre con años de experiencia oliendo el percal, no tardó en sospechar de las dudosas credenciales de nuestro amigo Erris. En lugar de detenerse en el arcén, el agente, con la perspicacia que le caracteriza, se desvió hacia una gasolinera cercana. Erris, ni corto ni perezoso, le siguió como si fuera su sombra, con la intención de «educarle» sobre las detenciones de tráfico. ¡Madre mía, qué cuadro!

Una vez en la gasolinera, el falso agente se acercó al coche del detective, exigiendo su carné de conducir y la documentación del vehículo. Pero el cuento duró poco. El detective, con una calma envidiable, se identificó y, acto seguido, le pidió a Erris que se identificara él. La cara de Erris debió ser un poema. Intentó escabullirse, pero ya era demasiado tarde. El detective lo detuvo en el acto.

Matthew Joseph Erris fue arrestado y se le imputó un cargo por hacerse pasar por un agente de la ley. Una noche de «aventuras» que terminó como el rosario de la aurora. La lección del día: si vas a jugar a los polis y los ladrones, asegúrate de que el «ladrón» no sea un policía de verdad. Porque, como demuestra esta historia, el karma a veces viene en forma de placa y esposas, y tiene un sentido del humor bastante retorcido.