
Si pensabas que el drama político solo ocurría en los mítines, es que no habías visto la última joya cinematográfica (ejem) que acaba de aterrizar en nuestras vidas: Melania Trump: The True Story. Y sí, es tan delirante como suena. Este biopic no autorizado sobre la ex primera dama es el equivalente audiovisual de un accidente de tráfico del que no puedes dejar de mirar, pero que te genera una profunda vergüenza ajena.
El casting y los acentos, un verdadero meme
El primer gran tropiezo de esta producción de dudosa calidad es el casting. La actriz elegida para encarnar a Melania, Laura Aikman, tiene la encomiable labor de dar vida a la eslovena, pero la verdad es que el parecido brilla por su ausencia. La caracterización está tan alejada de la realidad que parece más un disfraz de Halloween improvisado que una interpretación seria.
Pero lo que realmente hace que te salten las lágrimas (de risa, claro) es el acento. Los críticos describen el intento de acento esloveno como una mezcla espantosa que oscila entre el de una «villana de película rusa» y la esposa de Borat. El esfuerzo por sonar extranjero resulta en una dicción ridícula que no consigue el efecto dramático deseado, sino la risa incontenible del espectador. A ver, sabemos que imitar acentos es difícil, pero esto parece un casting fallido de Eurovisión.
¿TGI Fridays? ¿En serio?
Pero la joya de la corona, el momento que pasará a la historia de los biopics absurdos, es la recreación de cómo Melania y Donald se conocieron. ¿Fue en una gala benéfica? ¿En un club ultraexclusivo de Manhattan? ¡Qué va! La película nos quiere hacer creer que el flechazo entre la modelo y el magnate ocurrió nada menos que en un TGI Fridays. Sí, ese sitio de costillas y patatas fritas. Es un giro de guion tan inesperado que te hace dudar si estás viendo un drama serio o una parodia de bajo presupuesto de Saturday Night Live, demostrando el nulo rigor de la cinta.
El resto del reparto tampoco ayuda
Y si Melania es un desastre, Donald no se queda atrás. El actor que interpreta al expresidente no logra capturar ni su presencia física ni su carisma particular (para bien o para mal). La película parece estar desesperada por rellenar huecos narrativos con momentos de máximo drama sin tener la información real, transformando eventos históricos en telenovelas de sobremesa.
La crítica está siendo unánime: la película es lamentable. El metraje está plagado de imprecisiones históricas y una falta total de rigor que convierte la historia de Melania en un culebrón que ni siquiera haría gracia a los Trump. En resumen, si buscas entretenimiento que te haga cuestionar las decisiones de casting, guion y presupuesto de la industria, esta película es tu billete dorado. ¡Prepárate para el espectáculo del mal gusto!
