La Patrulla Fronteriza de EE. UU. y el control de salida más surrealista

La Patrulla Fronteriza de EE. UU. y el control de salida más surrealista
La Patrulla Fronteriza de EE. UU. realiza controles de inmigración a personas que abandonan el país en autobuses y trenes hacia Canadá, a kilómetros de la frontera. Esta práctica, considerada "absurda" e "inconstitucional" por grupos de derechos civiles, busca identificar a quienes exceden su visado, generando polémica por su inusual enfoque.
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A ver, imaginemos la escena: estás tú, tan pancho, en un autobús o un tren, con destino a Canadá desde Estados Unidos. Ya te ves disfrutando del sirope de arce o de la tranquilidad canadiense, cuando, ¡zas! De repente, aparece la Patrulla Fronteriza de EE. UU. ¿Y qué hacen? Pues ni más ni menos que se ponen a revisar el estatus migratorio de todo quisque… ¡pero a los que se están marchando del país!

Sí, has leído bien. Esta práctica tan peculiar, que suena a chiste del Club de la Comedia pero es más real que un dolor de muelas, ha estado ocurriendo en puntos como Bellingham o Spokane (Washington) y Rouses Point (Nueva York), a kilómetros de la frontera con Canadá. Agentes subiéndose a trenes Amtrak y autobuses de línea regular para ver si los que *salen* de Estados Unidos tienen sus papeles en regla.

La justificación oficial, bajo el pomposo nombre de ‘Operación Northstar’, es evitar que los ciudadanos no estadounidenses se queden más tiempo del permitido por sus visados. Un intento de ‘control de salida’ que, a primera vista, parece un poco como intentar evitar que el agua se escape de un cubo… ¡tapando el grifo cuando ya se ha ido la mitad!

Pero claro, lo que a uno le puede parecer una medida curiosa o, directamente, un despropósito, a otros les sienta como un tiro. La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) no se ha mordido la lengua y ha calificado la situación de «escandalosa», «inconstitucional» y, directamente, «absurda». ¿La razón? Consideran que revisar a la gente sin una sospecha fundada viola la Cuarta Enmienda de la Constitución estadounidense, esa que nos protege de registros y detenciones arbitrarias. Además, critican que esta práctica parece enfocarse injustamente en ciertos grupos étnicos, generando un ambiente de miedo y discriminación.

La Patrulla Fronteriza se ampara en precedentes de la Corte Suprema que les permiten detener vehículos en un radio de hasta 100 millas de la frontera sin necesidad de sospecha, pero solo para hacer «preguntas breves». La controversia radica en que estas paradas no son en un punto fronterizo oficial, sino en el interior del país, y el objetivo es revisar a quienes van de salida. Personas como Albin Hagstrom, un señor sueco de 83 años con su tarjeta de residencia en regla, se quedó a cuadros cuando le interrogaron. «Me pareció muy extraño», comentó. Y con razón.

Así que, la próxima vez que te subas a un autobús o tren en EE. UU. y vayas camino de la frontera norte, no te extrañe si te encuentras con un agente pidiéndote los papeles. El mundo al revés, o como diríamos en España, ‘para mear y no echar gota’. Una historia que demuestra que, a veces, la realidad supera a la ficción, y la burocracia puede llegar a límites insospechados y… algo cómicos.