
¡Agárrense, porque la vanidad acaba de alcanzar niveles estratosféricos en Noruega! Resulta que en Oslo, la capital donde se decide el famosísimo Premio Nobel de la Paz, la policía está lidiando con un caso que ni el mismísimo Sherlock Holmes podría haber imaginado: un ‘aspirante’ al galardón que está absolutamente convencido de que no haberlo recibido constituye, ni más ni menos, que un ‘crimen contra la humanidad’.
El protagonista de esta tragicomedia es Lars Gule. Este caballero parece vivir en una realidad alternativa donde su mérito para la paz mundial es tan innegable que su omisión por parte del Comité Nobel es una afrenta directa a toda la especie. Gule, que por cierto tiene un historial un tanto peculiar —fue condenado por planear un ataque en Beirut en los años 80, aunque él siempre ha negado rotundamente ser un terrorista—, está bombardeando las líneas telefónicas de la policía.
Parece que, tras el anuncio de los premiados, el pobre Lars sintió una profunda injusticia. No es que le hayan robado la cartera, no es que le hayan puesto una multa injusta… ¡es que el mundo se ha negado a reconocer su genialidad pacificadora! Según él, el Comité Noruego del Nobel está violando nada menos que la Convención de la ONU y está siendo cómplice de algo muy, muy grave al ignorar su candidatura y sus esfuerzos cruciales para la paz.
Imaginemos la escena en la centralita de Oslo. «¿Cuál es su emergencia, señor?» «¡Es un crimen contra la humanidad! ¡Mi paz no ha sido premiada! ¡El mundo necesita saber de mis méritos!» La policía, por su parte, ya ha aclarado que no tienen intención alguna de abrir una investigación sobre la «falta de premio» de Gule. Al parecer, no conseguir una estatuilla de oro no entra en la categoría de delitos mayores, por mucha frustración que genere.
Uno pensaría que, después de un buen puñado de llamadas, la gente se rendiría. Pero no Lars Gule. Este hombre tiene la determinación de un cruzado, solo que su cruzada es contra la ingratitud del sistema. Y es que claro, cuando uno está tan seguro de ser la reencarnación de Gandhi y la Madre Teresa juntas, que te ignoren en la ceremonia de entrega debe doler más que un pisotón de troll noruego.
Mientras tanto, la policía de Oslo debe estar planteándose seriamente si añadir una nueva línea en su manual de procedimientos: «Cómo gestionar las llamadas de personas a las que no les han dado el Nobel». Una situación absolutamente insólita que demuestra que la línea entre la dedicación a una causa y la obsesión cómica puede ser muy, muy fina. ¡Esperemos que Lars encuentre la paz consigo mismo, con o sin premio!
