Imaginen la escena: un día cualquiera en Kandahar, Afganistán, y de repente, ¡zas!, la policía talibán hace acto de presencia para detener a cuatro jóvenes. ¿El motivo? Nada de delitos graves, ni tráfico, ni nada que uno esperaría de un titular así. No, el ‘crimen’ era mucho más… estiloso: ¡iban vestidos como los mismísimos Peaky Blinders!
Sí, la icónica serie británica que nos transporta al Birmingham de los años 20 y sus elegantes y peligrosos gánsteres, ha cruzado fronteras y épocas de la forma más inesperada. Los detenidos, ataviados con sus mejores galas —trajes, corbatas, chalecos e incluso los distintivos sombreros de ala plana que caracterizan a la familia Shelby— estaban simplemente ‘dando un paseo’, según uno de ellos. Parece que la fascinación por el estilo de Tommy Shelby y compañía no tiene límites geográficos, pero sí, al parecer, límites ideológicos.
Pero lo que para estos jóvenes era un simple gesto de estilo y admiración por una serie, para la policía para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio de los talibanes era una clara afrenta. ‘Nos han arrestado por el crimen de llevar trajes y corbatas’, declaraba uno de los jóvenes, que incluso afirmó haber sido acusado de ‘promover el cristianismo’ con su vestimenta. Los agentes no tardaron en calificar el atuendo de ‘anti-islámico’ y de ‘estilo occidental’, incompatible con las tradiciones afganas. Ni el corte impoluto, ni la perfecta caída de la chaqueta pudieron salvarlos de esta peculiar acusación.
Los ‘Peaky Blinders’ afganos fueron retenidos desde el lunes y, tras un par de días de ‘reflexión’ sobre sus elecciones estilísticas, fueron finalmente liberados el miércoles. ¿La condición para su libertad? Firmar una declaración comprometiéndose a no volver a lucir ‘ropa de estilo occidental’. Parece que el corte de pelo y la indumentaria ‘no afgana’ eran delitos graves en el Kandahar de 2013, donde la estricta interpretación de la ley islámica por parte de los talibanes dicta hasta la última puntada.
Así que ya saben, si algún día visitan ciertas regiones y son fans de la sastrería clásica, piénsenselo dos veces antes de sacar el traje de tres piezas. La moda es un campo de minas, pero pocas veces tan literalmente como en esta ocasión. Quién iba a decir que la serie de gánsteres de Birmingham tendría semejante impacto internacional en las costumbres… ¡y en la libertad de vestimenta!

