
Imagina pasarte semanas construyendo una auténtica mole de madera, una Torre Eiffel de tablones, para el fiestón del año, solo para que llegue un aguafiestas y te la prenda antes de tiempo. Esto es exactamente lo que ha ocurrido en Larne, en el condado de Antrim (Irlanda del Norte), donde la Undécima Noche ha sido aguada por un presunto ataque de sabotaje pirómano.
La víctima no ha sido un coche de lujo ni la fachada de un ayuntamiento, sino una hoguera de dimensiones absolutamente épicas. La estructura, que sirve de punto neurálgico para las celebraciones del 11 de julio (la víspera de la festividad unionista clave), superaba los 15 metros de altura, ¡unos 50 pies de puro material inflamable! Era, sin duda, la joya de la corona del festejo.
El ataque se produjo durante la madrugada, cuando el pirómano o pirómanos decidieron que no podían esperar al encendido oficial, programado para días más tarde. La policía local, que debe estar alucinando con el surrealista expediente, está tratando el incidente como un caso de incendio provocado.
El resultado ha sido un completo desastre festivo. En lugar de una celebración controlada y masiva, los bomberos tuvieron que intervenir de urgencia para apagar lo que había sido reducido a un enorme montón de ceniza humeante. Los vecinos, por su parte, se han quedado sin el espectáculo tradicional. Un auténtico drama vecinal que demuestra que ni siquiera los montones gigantes de leña están a salvo del vandalismo con exceso de entusiasmo. Esperemos que al menos el pirómano disfrutara de su propia fiesta en solitario.
