La odisea oceánica de una tabla de surf neozelandesa que se fue de Erasmus a Tasmania

La odisea oceánica de una tabla de surf neozelandesa que se fue de Erasmus a Tasmania
Una tabla de surf perdida hace 14 meses en Mount Maunganui, Nueva Zelanda, ha sido encontrada en Tasmania, Australia, a 2.575 km de distancia. El tablón, que cruzó el mar de Tasmania, fue identificado gracias a un número de teléfono escrito y devuelto a su dueño, David, en un periplo digno de película.
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El mar de Tasmania no es conocido precisamente por ser una balsa de aceite, sino más bien por sus corrientes traicioneras y sus distancias épicas. Pero para una tabla de surf de Mount Maunganui, Nueva Zelanda, este mar era simplemente una autopista con destino a la aventura, o quizás, un Erasmus no solicitado en Oceanía.

La protagonista de esta historia náutica es una tabla que, hace 14 meses, decidió que ya había tenido suficiente de las olas neozelandesas y se lanzó a la mar en una travesía épica. Su dueño, un tipo llamado David, la dio por perdida. ¿Quién no lo haría? Una tabla de surf a la deriva en el inmenso Pacífico es, en esencia, un recuerdo fugaz.

Pero hete aquí que, el destino (o más bien las corrientes marinas) tenía otros planes. Tras recorrer la friolera de 2.575 kilómetros (la distancia que separa Madrid de Bucarest, para que nos entendamos), la tabla apareció en una playa de Tasmania, Australia.

El afortunado que se tropezó con esta viajera incansable fue Daniel McDonald, un residente de Tasmania. Al verla, Daniel se dio cuenta de que no era un trozo de espuma cualquiera. Estaba cubierta de percebes, esos autoestopistas marinos que delatan que el objeto lleva una eternidad flotando y que acababa de llegar de un viaje muy largo. Pero lo que realmente molaría es que, en algún momento, David había tenido la brillante idea de escribir su nombre y su número de teléfono en la tabla. ¡Un genio preventivo!

McDonald, que es un tipo con recursos y con acceso a las redes sociales, hizo lo que haría cualquier buen samaritano del siglo XXI: publicó la foto de la tabla en varios grupos de Facebook dedicados a escombros marinos y objetos perdidos, con la esperanza de que alguien la reconociera. La comunidad hizo su magia y el mensaje llegó a su destino.

No pasó mucho tiempo hasta que McDonald pudo contactar con David. Se puede imaginar la cara de David al recibir la llamada: “Oye, tu tabla de surf está aquí, en Australia, echándose unas cañas en Tasmania.” El propietario, completamente asombrado, confirmó que la había perdido en las aguas de Mount Maunganui hace más de un año. La tabla, además de ser un vehículo deportivo, demostró ser una mensajera intercontinental muy eficiente.

Ahora, la gran pregunta es cómo devolver esta reliquia a su legítimo dueño. Pero solo el hecho de que esta tabla haya completado su ‘viaje de fin de curso’ transoceánico y la identidad de su dueño haya permanecido intacta, ya convierte esta anécdota en leyenda. Es la prueba definitiva de que, a veces, si pierdes algo, solo tienes que esperar 14 meses y 2.500 km para que el universo te lo devuelva con un curioso acento australiano.