La odisea del Charco de Euston: Cuando un estanque urbano se vuelve leyenda

La odisea del Charco de Euston: Cuando un estanque urbano se vuelve leyenda
Un charco gigante a la salida de la estación de Euston en Londres se ha convertido en una leyenda urbana y un calvario diario para los viandantes. Su tamaño obliga a los peatones a esquivarlo por la carretera o ser salpicados, generando riesgos y quejas sin que nadie asuma la responsabilidad de arreglar este 'estanque' urbano.
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En pleno corazón de Londres, justo a las puertas de la estación de Euston, no encontramos la típica torre o el clásico autobús rojo, sino algo mucho más… acuático. Hablamos de un charco. Pero no un charquito cualquiera, no. Este es EL CHARCO de Euston, una masa de agua tan imponente que le ha valido el apodo de «la talla de un pequeño estanque». Y, para variar, no es una novedad, ¡lleva ahí una eternidad!

Los pobres londinenses que cada día intentan salir o entrar por la zona de Melton Street se ven obligados a realizar una especie de ‘ballet acuático’ digno de los Juegos Olímpicos. O te la juegas a un chapuzón inesperado, o te atreves a una improvisada coreografía de ‘Frogger’ directamente por la carretera, con el riesgo que eso conlleva. Imagina la escena: autobuses pasando a toda velocidad, y tú, intentando mantener los zapatos secos mientras esquivas el tráfico cual ninja urbano. Y, por si fuera poco, los salpicones son el pan de cada día; lo mismo te salpica un compañero de fatigas al intentar pasar, que un autobús despistado te da un ‘duchazo’ de cortesía.

Un vecino, el doctor Peter King, ya harto de la situación, decidió que esto no podía seguir así. Llevaba quejándose desde febrero a la gente del Camden Council y a Network Rail, que son los que mandan por allí. Y, como era de esperar en cualquier gran ciudad, la pelota empezó a volar de un tejado a otro. Network Rail dice que «eso no es suyo», que es «cosa de la autoridad local». Transport for London (TfL), por su parte, señala al Camden Council. Y el Camden Council, pues… se mantiene en silencio, al menos de momento.

Así que, mientras las autoridades se pasan la patata caliente, el charco de Euston sigue siendo el rey de la calle, una maravilla (o desastre) natural en medio del asfalto londinense, y la tortura diaria de miles de peatones. ¡Un brindis por la burocracia y por los pies secos!