La odisea de unas llaves perdidas en 2008 que ahora encuentran a su dueño

La odisea de unas llaves perdidas en 2008 que ahora encuentran a su dueño
Un hombre de Bristol se reencuentra con sus llaves 16 años después de perderlas. Fueron halladas durante la reforma de una vivienda y, gracias a una chapa con su nombre y a una campaña en redes sociales, la asociación de viviendas Curo consiguió localizarlo y devolvérselas.
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¿Recuerdas dónde estabas en 2008? Quizás estabas viendo a España ganar la Eurocopa o escuchando ‘Viva la Vida’ de Coldplay. Pues bien, mientras todo eso pasaba, un tal Pat O’Hagan, de Bristol, estaba lidiando con un pequeño drama doméstico: había perdido sus llaves. Un fastidio, sí, pero de esos que se solucionan cambiando la cerradura y siguiendo con tu vida. Lo que Pat no se imaginaba es que esas llaves iniciarían una odisea de 16 años para volver a casa.

Avancemos hasta hoy. Un equipo de la asociación de viviendas Curo está reformando una propiedad y, de repente, ¡sorpresa! Aparece un manojo de llaves. No serían más que un trozo de metal viejo si no fuera por un detalle crucial: una chapa con el grabado ‘P O’Hagan’ y un número de teléfono. Aquí es donde la historia se pone interesante.

En lugar de tirarlas, Carol, la ‘community connector’ de Curo, se tomó el hallazgo como una misión personal. Primero, lo obvio: llamar al número de teléfono. ¿El resultado? Línea desconectada. Claro, han pasado 16 años, ¡la de cosas que han cambiado desde entonces! Pero Carol no se rindió. Decidió usar la herramienta más potente de nuestra era para resolver misterios cotidianos: las redes sociales.

Publicó la foto de las llaves en varios grupos de Facebook de la zona, con la esperanza de que alguien reconociera la distintiva chapa. Y funcionó. La hermana de Pat vio la publicación y se le encendió una bombilla. ‘¡Esa chapa! Es la que nuestro padre, que ya no está, nos regaló’. El círculo empezaba a cerrarse.

Contactaron con Pat, que se quedó absolutamente perplejo. ‘Me quedé de piedra’, confesó. Recordaba perfectamente haberlas perdido allá por 2008 y el engorro de tener que cambiar todas las cerraduras. Lo más curioso del asunto es el ‘dónde’. Las llaves aparecieron en una casa en la que él nunca vivió, a casi un kilómetro de donde residía por aquel entonces.

El misterio de cómo llegaron allí probablemente nunca se resuelva. Pat teoriza que quizás alguien las encontró en la calle y, en un acto de buena fe, las echó por el primer buzón que vio. Sea como fuere, las llaves ya no abren ninguna puerta de su vida actual, pero se han convertido en ‘un bonito recuerdo’, un pequeño tesoro que le recuerda a su padre y a una anécdota que tardó 16 años en tener un final feliz. Desde Curo, no podrían estar más contentos de haber resuelto este pequeño gran enigma.