
¡Atención, amantes de la originalidad y los giros inesperados! Si pensabais que ya lo habíais visto todo en cuanto a nombres para ciudades… esperad a oír esta. Egipto, país de pirámides, faraones y ahora, de decisiones nominales cuanto menos curiosas, ha decidido rebautizar su flamante nueva capital administrativa. Y sí, el nombre es tan… egipcio como podría ser.
La ciudad, aún en plena construcción y conocida hasta ahora como la «Nueva Capital Administrativa» (un nombre que, seamos sinceros, no invitaba precisamente a la fiesta), ahora se llamará oficialmente «Misr». ¿Y qué significa «Misr», os preguntaréis con la intriga en la mirada? Pues nada más y nada menos que… ¡Egipto! Sí, habéis leído bien. Es como si en España decidiéramos llamar a una nueva capital «España Ciudad». Un poco como jugar a lo seguro, ¿no creéis?
El anuncio lo soltó el ministro de Vivienda, Assem al-Gazzar, en una sesión parlamentaria, pillando a más de uno con la guardia baja. Después de años de obras faraónicas y una inversión que supera los 45.000 millones de dólares (¡casi nada!), financiados en parte por préstamos de bancos chinos, uno esperaría un nombre con un poco más de chispa. Pero no, la estrategia es clara: si eres egipcio, llámate Egipto.
Este proyecto mastodóntico, que incluye la torre más alta de África, un palacio presidencial a la altura de las circunstancias, ministerios y un parque que ya querría para sí cualquier ciudad, es la niña de los ojos del presidente Sisi. Su visión es crear una «Nueva República» y, de paso, descongestionar el bullilcioso El Cairo, donde más de 20 millones de almas se apiñan día tras día. Misr, o lo que es lo mismo, Egipto, se ubica al este de El Cairo y promete ser el futuro del país, o al menos su centro administrativo.
Los críticos, que siempre los hay, señalan que gastarse semejante dineral en una nueva urbe, por muy «Egipto» que se llame, es un poco excesivo para una economía que anda lidiando con la inflación y una deuda que no da tregua. Pero desde el gobierno, la cosa está clara: este cambio de nombre no es solo un capricho. Busca afianzar la identidad egipcia de la ciudad, conectar el glorioso pasado con un futuro prometedor y, en definitiva, hacer que la ciudad «grite» su origen a los cuatro vientos.
Así que ya sabéis, si algún día os perdéis por la nueva capital de Egipto y preguntáis cómo se llama, la respuesta es tan obvia como sorprendente. ¡Misr al poder! O, lo que es lo mismo, ¡Egipto al poder!
