Imagínate la escena: París, una noche de cine, palomitas y… ¿Barbie? Sí, la película ‘Barbie: La Princesa y la Popstar’ iba a ser la protagonista de una velada que prometía ser kitsch y muy divertida. Sin embargo, el evento se convirtió en el inesperado escenario de una batalla ideológica con tintes de película de terror.
El evento, bautizado como ‘Perv-en-fête’ (algo así como ‘Fiesta pervertida’), estaba organizado por el colectivo feminista ‘Les Putes’. Su original objetivo era reapropiarse del insulto ‘puta’ y celebrar una fiesta inclusiva y abiertamente pro-sexo, donde todo el mundo fuera bienvenido.
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que la página del evento en Facebook se transformó en un campo de batalla digital. Fue entonces cuando apareció una facción feminista rival, aparentemente mucho más radical y con muy pocas ganas de fiesta, que empezó a dejar comentarios que helarían la sangre al más pintado.
Los mensajes no eran precisamente invitaciones a un debate sosegado. Frases como ‘Si eres un hombre y vienes, no estás a salvo’ o el ya memorable ‘Voy con un cuchillo, tengo antojo de castración’ comenzaron a multiplicarse, haciendo que el ambiente se caldeara hasta niveles insostenibles.
Ante semejante panorama, las organizadoras de ‘Les Putes’ no tuvieron más remedio que tirar del freno de mano y cancelar el chiringuito. En un comunicado posterior, se mostraron ‘conmocionadas’ por el odio desatado, calificando los comentarios de ‘misándricos’ (de odio a los hombres) y ‘tránsfobos’, ya que su fiesta pretendía ser un espacio seguro para todos.
Dejaron muy claro que su intención era todo lo contrario a lo que se les acusaba: una fiesta abierta a hombres, mujeres y personas trans. Una celebración de la libertad que, irónicamente, fue boicoteada por un sector que, en teoría, debería remar en la misma dirección.
Así que, al final, ni Barbie, ni fiesta, ni debate. La película de la muñeca más famosa del mundo se quedó en la estantería por una guerra interna del feminismo parisino. Quién le iba a decir a Barbie que acabaría en medio de una trifulca con amenazas de arma blanca. Definitivamente, la vida en plástico no siempre es tan fantástica como la pintan.




