
Imagina comprarte una casa y, al hurgar en el trastero, ¡zas!, te topas con un tesoro olvidado. Pues algo así le pasó a Brenda Schabacker en 1980, cuando se hizo con una nueva morada en East Moline, Illinois. Entre trastos y cachivaches, Brenda encontró una Medalla Corazón Púrpura en una caja de zapatos vieja. Pero, ojo, que la primera impresión engaña, y Brenda, pensando que era una imitación barata de esas de mercadillo, decidió darle a la medalla un nuevo hogar… en su propia caja de zapatos. ¡Menudo destino para un reconocimiento militar!
Y así, en las entrañas de un armario o quizás bajo la cama, la Medalla Corazón Púrpura del soldado John S. Jones Jr. echó una siesta que duró, ni más ni menos, que varias décadas. Mientras el mundo giraba, la tecnología avanzaba y la moda cambiaba, nuestra protagonista metálica se mantuvo al margen, ajena a todo, esperando su momento de gloria.
No fue hasta hace unos cinco añitos que a Brenda le picó la curiosidad. Quizás el destino, o simplemente el aburrimiento, la empujó a desenterrar la medalla y empezar una pequeña investigación detectivesca. El nombre grabado en el metal, Pvt. John S. Jones Jr., era la única pista. Con la ayuda de internet y, en particular, de grupos de veteranos en Facebook (¡benditas redes sociales!), Brenda se puso manos a la obra. ¡Y bingo! El algoritmo hizo su magia y, tras un poco de rastreo digital, consiguió dar con la familia del soldado.
Resulta que John S. Jones Jr., que sirvió valientemente en el ejército durante la Guerra de Corea y fue herido en 1951, había fallecido en 1982. Su familia, su hermana Jean y su sobrina Mary Ann, no tenían ni idea de que esta condecoración existía ni de que había estado perdida durante tanto tiempo. ¡Imagínate la sorpresa!
El reencuentro fue tan emotivo como cabía esperar. Brenda entregó la medalla a una agradecida Jean y a una emocionada Mary Ann. La Medalla Corazón Púrpura, que había pasado de un campo de batalla, a una casa, a una caja de zapatos ajena y luego a otra, finalmente volvía a las manos de quienes la valoraban como un pedazo de historia familiar. Es una historia de paciencia, un toque de despiste inicial, y el poder de una buena búsqueda online para reunir a una medalla con su merecida familia. ¡Un aplauso para Brenda y para el Corazón Púrpura que, por fin, encontró su camino a casa!
