
Agárrense, porque la historia que nos llega desde Japón es de esas que te hacen dudar de si la vida imita al arte o si directamente se ríe de nosotros. La protagonista es la madre de Tetsuya Yamagami, el hombre que conmocionó al mundo al asesinar al ex primer ministro Shinzo Abe en julio de 2022.
El móvil de Yamagami no era un secreto: odiaba con todas sus fuerzas a la Iglesia de la Unificación, conocida popularmente como la secta Moon. ¿La razón? Culpaba a esta organización de haber llevado a su familia a la bancarrota debido a las enormes donaciones de su madre. La trama se espesa cuando se reveló que Abe tenía supuestos vínculos con esta secta, lo que encendió la chispa fatal en Yamagami.
Ahora viene lo bueno, o mejor dicho, lo alucinante. A pesar de todo este drama familiar, la ruina económica y el asesinato que su hijo perpetró, la madre de Yamagami sigue siendo una devota seguidora de la Iglesia de la Unificación. Y no solo eso, sino que ha llevado la lealtad a un nivel que roza lo surrealista.
Según ha confirmado su propio abogado, Fumihiro Joyama, la señora ha estado recibiendo una compensación económica (de esas que se otorgan a las víctimas de delitos o sus allegados, en este caso, por el impacto del arresto de su hijo) desde el trágico suceso. ¿Y qué ha hecho con ese dinero? Pues sí, lo han adivinado: lo ha donado a la misma Iglesia de la Unificación que su hijo intentó desmantelar de la manera más drástica posible.
La ironía es tan densa que se puede cortar con un cuchillo de sushi. El hijo mata a un ex primer ministro por la supuesta conexión de este con una secta que arruinó a su familia, y la madre de ese hijo utiliza el dinero recibido a raíz del crimen para seguir financiando a esa misma secta. Es como si el destino estuviera jugando una partida de ajedrez muy, muy macabra con las emociones humanas.
La mujer incluso ha solicitado reunirse con su hijo, quien se encuentra detenido. Uno no puede evitar preguntarse qué tipo de conversación tendrían, o si el propio Yamagami, con su motivación tan clara, entenderá esta inquebrantable, y a la vez absurda, lealtad de su madre. Mientras tanto, la Iglesia de la Unificación sigue en el ojo del huracán por sus métodos de recaudación, pero parece que al menos una de sus ovejas más fieles, y ahora una de las más polémicas, no tiene intención de abandonar el redil.
