
¡Agárrense, amantes del cine y de los bichos! Parece que el estreno (virtualmente explosivo) de «Zootopia 2» ha puesto patas arriba a Corea del Sur. Y no estamos hablando solo de récords de taquilla, que también, sino de una auténtica revolución en el reino animal… doméstico.
Desde que la película ha aterrizado en la gran pantalla coreana, su éxito ha sido tan descomunal que ha provocado una reacción en cadena de lo más peculiar. Primero, se ha disparado el fenómeno «furry», esa subcultura donde la gente se viste y personifica animales antropomórficos. Al parecer, la calidad de la animación y el carisma de sus personajes han calado hondo, y ahora media Corea del Sur quiere emular a sus héroes peludos.
Pero la cosa no se queda en disfraces y convenciones temáticas. Lo realmente sorprendente, y que tiene a las agencias de adopción de mascotas con las manos en la cabeza, es el «alarmante» aumento en la compra y adopción de zorros y conejos. Sí, habéis oído bien. Después de ver las aventuras de Nick Wilde (el zorro) y Judy Hopps (la coneja), la población coreana parece haber desarrollado un deseo irrefrenable de tener su propia versión doméstica de estos animales.
Imaginad la escena: familias enteras acudiendo a los centros de adopción, no buscando el típico perrito o gatito, sino preguntando por «un zorro tan astuto como Nick» o «un conejo con la energía de Judy». La demanda ha superado todas las expectativas, poniendo de manifiesto el inmenso poder de la cultura pop y cómo una película de animación puede influir en las decisiones más inesperadas de la vida real.
Claro, el lado positivo es que muchos animales podrían encontrar un hogar. El lado no tan positivo es si la gente está realmente preparada para las peculiaridades de tener un zorro como mascota (recordemos que no son precisamente gatitos, por muy monos que sean en la pantalla). En fin, mientras los surcoreanos se lanzan a esta nueva moda animal, desde aquí solo podemos observar, entre asombrados y divertidos, cómo la magia de Zootopia 2 ha transformado la realidad, o al menos el deseo de muchos, en algo digno de un guion de película. ¡Qué vivan los zorros y los conejos!
