Agarraos fuerte a vuestras sillas, marineros de la red, porque el Atlántico nos ha regalado una historia que ni el mismísimo Neptuno se creería. Resulta que en las aguas tranquilas (o no tan tranquilas) de la costa de Massachusetts, un pescador con buen ojo y aún mejor suerte, Bill Sargent para los amigos, ha dado con el equivalente marino de un unicornio: ¡una langosta calicó! Y no una cualquiera, no, esta joya pintoja es tan rara que solo aparece una vez cada 30 millones de langostas. ¡Una en treinta millones! Eso sí que es ser exclusivo, ¿eh?
Bautizada como Spot (porque, claro, tiene más lunares que un dálmata con manchas), esta crustácea VIP ahora reside en el lujosísimo Centro de Ciencias Marinas de la Northeastern University, en Nahant. Allí, en vez de acabar en un plato con mantequilla derretida (¡qué sacrilegio!), se ha convertido en la nueva diva de la divulgación científica. Su peculiar patrón de color, una mezcla de manchas naranjas y negras sobre un fondo oscuro, no es que se haya maquillado para la ocasión, es resultado de una mutación genética de pigmentación, la muy cuqui.
Los investigadores, que no dan crédito a tanta belleza, están encantados con la oportunidad de estudiar a Spot. Es como si les hubiera tocado la lotería genética, pero en forma de langosta. La idea es que sirva para educar al público sobre la increíble biodiversidad marina y, de paso, para que los científicos se estrujen los sesos intentando entender cómo funcionan estas anomalías cromáticas.
Pero esperad, que la Northeastern University ya parece tener un historial de coleccionar bichos raros. Antes de que Spot apareciera con sus lunares, ya tenían en su haber a ‘Sky’, una langosta azul (rarísima, una entre 2 millones), y a ‘Blaze’, una langosta naranja fosforito (un pelín menos rara, una entre 10 millones). O sea, que este centro es como el museo de cera de las langostas extravagantes, ¡pero vivas y coleando!
Así que, la próxima vez que te pidan una mariscada, piénsalo dos veces. Quizás el bogavante de tu plato sea la langosta de tus sueños, o al menos, una con un historial genético más interesante que tu árbol genealógico. ¡Larga vida a Spot y a sus manchas!




