
Amigos, cojan palomitas, porque tenemos una historia que parece sacada de un guion de comedia negrísima, de esas que solo ocurren en la vida real. Sucedió en Las Vegas, la ciudad donde el lema ‘Lo que pasa en Vegas se queda en Vegas’ a veces se interpreta demasiado literalmente. La protagonista de nuestro drama etílico es Erin Henry.
Y ojo al dato: la señora Henry no es una ciudadana cualquiera. Era la mismísima directora del Southern Nevada DUI Strike Team (algo así como el Equipo de Ataque contra la Conducción bajo los efectos del Alcohol). Sí, era la persona que lideraba la cruzada contra los borrachos al volante. Su trabajo consistía en asegurarse de que el resto de los mortales no hicieran exactamente lo que ella terminó haciendo.
Podríamos decir que la ironía es tan densa que se puede masticar. Imaginen la escena: la policía de Las Vegas detiene a un conductor sospechoso de ir ‘algo contento’ por las calles de Nevada. Le hacen las pruebas pertinentes y ¡zas! Dan positivo. Pero la guinda del pastel, la parte que hace que esta noticia parezca un chiste mal contado, llega cuando la identificación revela que acaban de pillar a la máxima responsable de la campaña para que esto no suceda. Es como si el jefe de control de plagas fuese arrestado por tener una colonia de ratas gigantes en su propia casa.
El Southern Nevada DUI Strike Team es conocido por su firmeza en la aplicación de la ley y la concienciación pública, dedicándose a montar redadas y campañas informativas para reducir las tragedias al volante. Que su líder caiga en la misma falta que juró combatir pone en serios aprietos la credibilidad de toda la organización, además de generar una ola de comentarios jocosos y estupefactos en redes sociales.
La pregunta que flota en el ambiente (además del aroma a alcohol matutino) es qué pasará ahora con el puesto de la señora Henry. ¿Puede seguir al mando de la lucha contra el DUI después de haberlo encarnado ella misma? De momento, la noticia ha causado un revuelo monumental, sirviendo como el ejemplo más extravagante de que la tentación, o quizás un mal cálculo con las copas, no entiende de cargos ni títulos. Sin duda, Las Vegas nunca deja de sorprender, aunque a veces las sorpresas vengan con luces de sirena y un etilómetro.
