
¿Quién dijo que la jardinería era una actividad relajante? Para Susan, de 63 años, cavar un estanque en su jardín de Exeter se convirtió en la aventura más explosiva de su vida. Lo que empezó como un proyecto para darle un toque zen a su patio trasero, acabó con la evacuación masiva de toda una ciudad y un cráter del tamaño de un autobús de dos pisos. ¡Menuda forma de conseguir que te recuerden!
Todo comenzó cuando Susan, pico en mano y con la mente puesta en sus nenúfares, tropezó con un objeto metálico extraño. Al principio, pensó que sería un viejo contenedor de metal. Luego, con un poco más de excavación, su mente le jugó una mala pasada: «¡Ah, un cilindro de gas!» se dijo. Pero no, amigos, ni contenedor ni bombona de butano. Aquello era una bomba sin explotar de la Segunda Guerra Mundial, y no una de bolsillo, precisamente. Estamos hablando de una señora bomba de 1,25 metros de altura. Imagina la cara de Susan cuando la realidad le explotó en la cara (metafóricamente, por suerte).
La cosa se puso seria, muy seria. La policía, el ejército, la marina… ¡Hasta la Royal Navy se apuntó a la fiesta! Montaron un perímetro de seguridad de 400 metros, que afectó a unas 2.600 propiedades y mandó a la calle a más de 12.000 residentes, incluyendo a un montón de estudiantes de la Universidad de Exeter, que probablemente pensaron que era una excusa excelente para saltarse los exámenes. Durante tres días, los expertos en desactivación de explosivos trabajaron a destajo. No contentos con tener una bomba en un jardín, construyeron un búnker improvisado a su alrededor con 400 toneladas de arena. Sí, has leído bien: ¡400 toneladas para un estanque fallido!
El momento cumbre llegó con la detonación controlada. La explosión fue tan potente que dejó un cráter gigantesco, comparado con el tamaño de un autobús de dos pisos, y lanzó escombros hasta 250 metros de distancia. Las casas cercanas sufrieron lo suyo: ventanas rotas, puertas arrancadas, tejados con goteras inesperadas… Un auténtico desastre para la pobre Susan y sus vecinos.
Ahora, mientras los residentes vuelven a sus hogares, muchos se encuentran con daños estructurales y la necesidad de reparaciones urgentes. Algunas casas son, de momento, inhabitables. Y en cuanto a Susan… su ambicioso proyecto de estanque está, por usar un eufemismo, «ligeramente retrasado». Quien iba a pensar que un día de jardinería podía ser tan… detonante. ¡Al menos tiene una historia para contar en las cenas!
