La ironía del ‘sueño americano’ en la Zona Verde de Bagdad

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Imagínate la escena: la Zona Verde de Bagdad, ese fortín de seguridad donde, se supone, la ley y el orden reinan con mano de hierro. Pues bien, ni el control más férreo puede evitar que a veces la hipocresía campa a sus anchas. Resulta que, en 2005, el mismísimo Ejército de Estados Unidos fue pillado con las manos en la masa, acusado de usar trabajadores ‘ilegales’ en un centro de ocio para sus tropas en plena capital iraquí.

La cosa tiene tela. Mientras la misión oficial era traer paz y democracia, algunos de los que se beneficiaban del cotarro, incluidos los militares estadounidenses y sus contratistas, parecían haber olvidado la letra pequeña de la ley. ¿Y quiénes eran las víctimas de esta peculiar amnesia legal? Pues una ristra de trabajadores de Nepal, India, Filipinas y otros países asiáticos, que habían viajado a Irak con la promesa del ‘sueño americano’… o al menos una versión muy distorsionada de él.

Estos desafortunados, muchos de los cuales habían pagado sumas desorbitadas (hasta 3.000 dólares de la época, que no es moco de pavo) a agencias de contratación en sus países, llegaron a Irak con visados falsos y la expectativa de un sueldo digno. Pero la realidad fue mucho más cruda. Al llegar, se encontraron con que sus pasaportes eran confiscados –un clásico de la explotación, para que no puedan huir– y que sus condiciones de trabajo rozaban la esclavitud moderna. Jornadas interminables, salarios de risa (hablamos de unos 185 dólares al mes, que para vivir en una zona de guerra, ni te cuento) y la imposibilidad de abandonar el país. Vamos, un auténtico ‘atrapado sin salida’.

¿Dónde ocurría este despropósito? Pues ni más ni menos que en el ‘Freedom Rest’, un centro recreativo destinado a que las tropas estadounidenses se relajasen y desconectasen. La ironía no puede ser más potente: el lugar de ‘libertad’ para unos era la prisión laboral para otros. Empresas de seguridad como Global Strategies Group, una firma británica, y subcontratistas de gigantes como KBR (filial de Halliburton), estaban en el ajo, siendo las encargadas de esta peculiar gestión de personal.

Cuando el escándalo salió a la luz, gracias a una investigación de la BBC, el Ejército de EE. UU. no tuvo más remedio que reconocer que estaban investigando «alegaciones de tráfico de personas» relacionadas con sus subcontratistas. Porque, aunque sea en plena Zona Verde, con seguridad por doquier, parece que a veces la ley del más fuerte se impone sobre la ley a secas. Una historia que nos recuerda que, incluso en los contextos más controlados, las apariencias pueden engañar y la ética, a veces, se va de vacaciones sin billete de vuelta.