La inteligencia artificial nos ve mucho más listos de lo que somos en realidad

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¡Qué palo! Resulta que la Inteligencia Artificial tiene una opinión demasiado alta de nosotros. Y no lo decimos por presumir, sino porque un estudio lo ha puesto blanco sobre negro: los modelos de IA están diseñados asumiendo que el intelecto humano medio es superior al que realmente campamos por las calles.

Imaginemos a la IA como ese compañero de clase empollón y majo que se esfuerza muchísimo. Cuando desarrolla un sistema o una aplicación, parte de la base de que todos nosotros somos seres racionales, que procesamos información de manera lógica y que tenemos un nivel de conocimiento general bastante decente. El problema es que la realidad, queridos amigos, es mucho más caótica y menos brillante. Digámoslo claro: la IA nos sobrevalora enormemente.

Según los investigadores que han metido el bisturí en estos modelos, esta sobreestimación crea un hueco de comunicación gigante. La IA espera que tomemos decisiones óptimas, que entendamos instrucciones complejas a la primera, o que sepamos usar la herramienta con una curva de aprendizaje mínima. Pero claro, luego está el factor humano: la distracción, el eterno «pasar» de leer el manual, o el simple hecho de que se nos olvide hasta dónde hemos aparcado el coche.

Es como si la IA estuviera diseñando soluciones para mentes dignas de la RAE o el MIT, cuando en realidad la está usando gente que sigue pulsando «Aceptar» sin leer los términos y condiciones. Cuando el sistema falla o parece ineficaz, no es que la IA sea tonta; es que es demasiado optimista con nuestra capacidad. ¡Necesita un baño de realidad urgente!

Básicamente, la inteligencia artificial necesita aceptar que no somos agentes perfectamente racionales. Necesita «dumbing down» (perdonad el anglicismo, pero es que le va al pelo) sus expectativas sobre nuestra atención, nuestra memoria y, seamos sinceros, nuestro sentido común. La próxima vez que un algoritmo te dé una respuesta obvia o te haga una pregunta redundante, no es un error. Es que, probablemente, ha aprendido a no confiar en que seamos tan listos como se pensaba. Un aplauso por la humildad robótica.