
Imagina que aparcas tu coche, te vas a hacer unas compras tranquilamente, y al volver, ¡sorpresa! Tu vehículo no está lleno de multas, sino de un enjambre de 20.000 abejas. Eso es exactamente lo que le pasó a Carol Howarth en Haverfordwest, Pembrokeshire, Gales, en una odisea apícola que duró ni más ni menos que dos días.\n\nLa historia comenzó cuando Carol, que ya había pasado su coche por el túnel de lavado, se percató de la insólita compañía. Un enjambre colosal se había adherido a la parte trasera de su Mitsubishi Outlander. Ante semejante panorama, la señora Howarth no sabía si reír o llorar, pero lo que sí sabía es que necesitaba ayuda. Y aquí entra en escena Roger Burns, un ranger de un parque local y apicultor aficionado, que pasaba por allí, vio el percal y decidió echar una mano.\n\nBurns, ni corto ni perezoso, contactó a otros apicultores. La teoría principal, y la más lógica en el mundo de las abejas, era que la reina se había colado en el coche –quizás buscando un sitio fresquito o simplemente por despiste– y sus leales súbditas estaban, como buenas seguidoras de la monarquía, persiguiéndola a toda costa. El enjambre, cual manta peluda, cubría la zaga del coche, ofreciendo un espectáculo digno de documental.\n\nTras un primer intento de rescate donde lograron mover a la mayoría de las abejas a una caja especial, Carol se fue a casa pensando que el asunto estaba resuelto. ¡Pero no! Al día siguiente, la película se repetía. El enjambre, con la persistencia de un cobrador del frac, había vuelto a posarse en su coche. ¡La reina seguía dentro, dando guerra! Al parecer, una o dos abejas ‘exploradoras’ habían alertado al resto sobre el paradero de su majestad, y el coche de Carol era su nuevo palacio.\n\nFue entonces cuando la comunidad apícola local, junto con curiosos y vecinos, se volcó de nuevo para ayudar a Carol. Un equipo completo de apicultores, bien pertrechados y con la paciencia de un santo, trabajó para rescatar a la reina y reunirla con su ejército zumbador. Al final, después de dos días de persecución y un despliegue de ingenio y buena voluntad, la reina fue liberada y el enjambre, feliz y completo, pudo ser reubicado en un lugar más apropiado.\n\nCarol Howarth lo tuvo claro: \»Nunca había visto nada parecido. Fue increíble\». Y no es para menos. Quién diría que un viaje normal para hacer recados podría convertirse en la aventura de tu vida, con 20.000 abejas de extras y una reina con aires de diva. Una historia que, sin duda, nos enseña que a veces, lo más extravagante puede ocurrir a la vuelta de la esquina. ¡Y todo por una abeja que se hizo la longuis en un coche!
