
Atención, ¡que vienen curvas! O mejor dicho, ¡que viene la flojera mental! Resulta que, mientras nosotros nos volvemos locos con las últimas virguerías de la inteligencia artificial, desde ChatGPT hasta Google Translate o ese corrector infalible llamado Grammarly, un grupo de lumbreras del mundo científico ha soltado una bomba: la IA nos está haciendo el cerebro de trapo. Sí, sí, como lo oyes.
La cosa es más seria de lo que parece. La neurocientífica Tara Swart, que de esto sabe un rato, lo ha dejado claro: si no usamos ciertas partes de nuestro cerebro de forma regular, ¡se nos atrofian! Es como el gimnasio, pero al revés: si dejas de levantar pesas, el bíceps se te encoge. Pues con el coco, tres cuartos de lo mismo. Y claro, si le delegamos a la IA que nos haga los resúmenes, que nos traduzca las frases más complejas o que nos pula un texto para que parezca de Góngora, ¿qué estamos haciendo nosotros?
Adam Saad, profesor de psicología cognitiva, ya lo ve venir: si la IA se encarga de analizar textos o elaborar planes, nosotros desarrollamos menos pensamiento crítico y menos capacidad de juicio. ¿Para qué calentarse la cabeza si la máquina lo hace por ti? Y Philipp Lorenz-Spreen, otro investigador, remata la faena: al usar estas herramientas, estamos viendo una disminución clara del control cognitivo y del pensamiento activo en las personas. Menos curro para nuestro cerebro equivale a menos agilidad mental.
Es la misma película de siempre, pero con un guion mejorado. ¿Recordáis cuando llegaron los GPS y de repente nos olvidamos de la mitad de las calles de nuestro barrio? O las calculadoras, que nos hicieron un favor con las cuentas, pero nos quitaron práctica mental. Pues con la IA es un nivel superior, una especie de ‘GPS cerebral’ que nos guía tanto que olvidamos el camino. El artículo de The Guardian lo clava, citando a estos expertos que no es que sean unos luditas que odien la tecnología, sino que están preocupados por la ‘atención perezosa’ a la que nos aboca el exceso de automatización.
Así que ya sabes, la próxima vez que le pidas a ChatGPT que te escriba una carta de amor o que te resuma un tocho de 20 páginas, piénsatelo dos veces. No sea que tu cerebro decida irse de vacaciones permanentes. Los expertos nos dan un consejo de oro: usa la IA como un ‘sparring’ (un compañero de entrenamiento, vamos), no como tu suplente. Desafía lo que te suelta, contrástalo, ponle pegas. ¡A darle caña a la cabeza, que es la que tenemos!
