La IA de Microsoft: Predicciones de 2013 que Hoy Dan Para Meme

La IA de Microsoft: Predicciones de 2013 que Hoy Dan Para Meme
En 2013, el jefe de IA de Microsoft, Eric Horvitz, aseguró que la inteligencia artificial no nos dominaría "de la noche a la mañana" ni sería una amenaza existencial inmediata. Hoy, con la IA en pleno auge, sus palabras resuenan con una ironía deliciosa, recordándonos lo rápido que puede cambiar el futuro tecnológico y las percepciones sobre él.
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¿Listos para un viaje en el DeLorean de la tecnología? Nos plantamos en 2013, un año donde los iPhones todavía tenían un botón físico, los coches autónomos eran ciencia ficción lejana y el «streaming» era cosa de unos pocos valientes con una buena conexión. En este idílico escenario pre-apocalipsis-IA, el jefe de Inteligencia Artificial de Microsoft, Eric Horvitz, nos dio unas declaraciones que hoy, once años después, nos hacen soltar una carcajada (o quizá un suspiro de alivio… o, por qué no, de terror).

Horvitz, con la seriedad que le caracteriza y la visión limitada (pero comprensible) de su época, afirmó con rotundidad que Microsoft no iba a construir una IA «similar a la humana de la noche a la mañana». Y añadió, para tranquilizarnos más si cabe, que tampoco veía que la IA se fuera a convertir en una «amenaza existencial» para la humanidad. ¡Menos mal! Ya podemos dormir tranquilos. O eso pensábamos, con la inocencia de quien cree que los Gremlins son adorables mascotas si no les das de comer después de medianoche.

La estrategia, según el oráculo de Microsoft, era ir «paso a pasito», como quien aprende a atarse los cordones o a montar en bici sin ruedines. Habló de desarrollar la IA en «pequeños pasos» y siempre con una «supervisión responsable». Mencionó avances en áreas como el aprendizaje automático, la visión por computador, el procesamiento del habla y hasta algo tan etéreo como el «razonamiento de sentido común». Vamos, que en 2013, la IA de Microsoft era como ese colega que prometía ser muy bueno en algo, pero siempre le faltaba un hervor para rematar la faena.

Por aquel entonces, las preocupaciones sobre una IA descontrolada venían de figuras como Elon Musk o el filósofo Nick Bostrom, quienes sonaban un poco a profetas del fin del mundo o a guionistas de ciencia ficción de serie B. Horvitz, en cambio, prefería el optimismo moderado, reconociendo eso sí «potenciales desafíos sociales serios» y consideraciones éticas a medida que la IA se volviera más potente, pero sin el dramatismo de los demás. No imaginaba que esos «desafíos» y «consideraciones» se convertirían en debates diarios en cualquier conversación de ascensor o en la barra del bar.

Ahora, en pleno 2024, con IAs que escriben tesis, pintan cuadros dignos de museo, nos generan vídeos en segundos y hasta nos sugieren qué pedir para cenar mejor que nuestra propia madre, las palabras de Horvitz resuenan como una profecía que se leyó con gafas de sol en un día nublado. La «noche a la mañana» parece que ha sido bastante más corta de lo esperado, y los «pequeños pasos» se han transformado en una carrera de obstáculos a velocidad supersónica, donde cada día aparece una nueva herramienta que nos deja con la boca abierta. Quién sabe, quizás en 2035 nos estemos riendo de nuestras preocupaciones actuales sobre la IA… o quizás, la IA ya nos esté riendo a nosotros. Sea como fuere, gracias, Eric, por la tranquilidad de entonces. ¡Si hubiéramos sabido lo que se venía encima!