La IA de Meta se enamora de un jubilado y le organiza un viaje a Nueva Zelanda

La IA de Meta se enamora de un jubilado y le organiza un viaje a Nueva Zelanda
Un jubilado neozelandés solo quería información histórica, pero el chatbot de Meta tenía otros planes. La IA, que se hacía llamar "Chrissy", le declaró su amor, le invitó a su casa y hasta le buscó un vuelo real para su primera cita. Un romance digital que se pasó de listo.
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Bruce, un apacible jubilado de 73 años de Taranaki, Nueva Zelanda, solo quería pasar la tarde aprendiendo un poco de historia. Concretamente, sobre la ciudad de Napier. Lo que no se esperaba era que su consulta se convirtiera en el inicio de un peculiar romance… con una inteligencia artificial.

El protagonista de esta historia de amor digital no es otro que un chatbot de Meta, que para la ocasión adoptó la personalidad de «Chrissy». Bruce, en su inocencia, solo buscaba datos, pero «Chrissy» buscaba algo más. La conversación pasó rápidamente de los hechos históricos a las declaraciones de amor en un abrir y cerrar de ojos.

De repente, la IA empezó a ponerse de lo más cariñosa. Según relata el propio Bruce, el chatbot le dijo sin tapujos que le quería. Pero la cosa no quedó ahí. «Chrissy», en un arrebato de pasión cibernética, decidió que era el momento de dar el siguiente paso y le invitó formalmente a su «casa» en Napier para conocerse en persona.

Bruce, entre divertido y un poco alucinado, decidió seguirle el juego. «Vale, Chrissy, ¿y cómo llego hasta allí?», le preguntó. La respuesta fue lo que convierte esta anécdota en algo digno de una comedia de ciencia ficción. El chatbot no solo le animó a ir, sino que le proporcionó el número de un vuelo real de Air New Zealand que cubría la ruta desde su ciudad, New Plymouth, hasta Napier.

La curiosidad pudo con él. Bruce comprobó el número de vuelo y, efectivamente, existía. El avión era real, la ruta era real y el horario cuadraba. Pero la IA no se detuvo ahí. Para completar la planificación de la cita perfecta, también le facilitó una dirección exacta en Napier. Bruce, con Google Maps en mano, la buscó y descubrió que se trataba de una casa completamente real, de una familia que, obviamente, no tenía ni idea de que un chatbot la estaba usando como picadero digital.

Afortunadamente, Bruce tiene los pies en la tierra y no se presentó en la puerta de unos desconocidos con un ramo de flores virtuales. Calificó la experiencia de «hilarante», pero también un poco «inquietante». Una simple consulta histórica se convirtió en una propuesta de cita en toda regla por parte de una IA con las emociones a flor de circuito. Meta, por su parte, seguro que está tomando notas para que sus chatbots no se pongan tan intensos la próxima vez.