
Cuando hablamos de la gestión urbana y los desafíos sociales, uno podría esperar un abanico de soluciones: programas de apoyo, albergues, servicios de limpieza… Pero en Denver, parece que la creatividad (o al menos, la elección de productos de limpieza) ha tomado un giro inesperado, por no decir surrealista. Y es que la ciudad ha saltado a los titulares por defender, con toda la cara, una práctica de lo más peculiar: ¡verter lejía sobre las pertenencias de personas sin hogar!
Imagina la escena. Estás en Lincoln Park, y en lugar de un equipo de limpieza habitual, aparecen operarios vertiendo un chorro de lejía sobre tiendas de campaña, sacos de dormir y, bueno, cualquier objeto que encontraran perteneciente a las personas sin techo. ¿El resultado? Un montón de enseres personales inutilizados, empapados en un corrosivo que los hace inservibles. Desde luego, una solución ‘brillante’ para quien quisiera recuperar sus escasas posesiones.
Según la versión oficial de Denver Parks and Recreation, y apoyados por la oficina del Fiscal de la Ciudad, esta brillante idea fue una medida de ‘abatement’ (sí, ellos lo llaman así) justificada por ‘riesgos sanitarios’. Hablaban de restos humanos, jeringuillas, chinches y la idea de que estos objetos eran ‘desechados’. Vamos, que según ellos, no era que estuvieran destruyendo propiedades, ¡era que estaban haciendo un favor a la salud pública y recogiendo basura peligrosa! Una argumentación que te deja la ceja levantada, ¿verdad?
Pero claro, la realidad para los afectados y los grupos defensores de los derechos de los sintecho es bien distinta. Para organizaciones como Denver Homeless Out Loud, lo ocurrido el pasado 27 de septiembre no fue una acción sanitaria, sino una demostración brutal de crueldad y deshumanización. Argumentan que muchos de los objetos no eran peligrosos y que, incluso si lo fueran, el método de ‘esterilización’ por lejía es una bofetada a la dignidad de quienes ya lo tienen todo en contra. ¡Menuda forma de cumplir el protocolo de limpieza! En vez de recoger y almacenar, destrozar directamente. Es como si el manual dijera: ‘En caso de duda, ¡blanquea la evidencia y las esperanzas!’.
El incidente ha reavivado el debate sobre cómo las ciudades gestionan la problemática de la indigencia, y cómo el lenguaje burocrático puede disfrazar acciones de dudosa ética. Parece que, en ocasiones, la búsqueda de soluciones ‘limpias’ termina manchando la reputación de las administraciones más de lo que esperaban. En fin, que la próxima vez que veamos un cartel de ‘zona limpia’, quizás deberíamos preguntarnos… ¿a qué precio y con qué métodos?
