La guerra en Mozambique se pone apicultora: ISIS despliega abejas contra mercenarios

La guerra en Mozambique se pone apicultora: ISIS despliega abejas contra mercenarios
En Mozambique, la insurgencia ligada al ISIS ha sorprendido al mundo al emplear un arma inusual: abejas. Estos grupos liberan enjambres para hostigar a los helicópteros y tropas terrestres de la empresa militar privada Dyck Advisory Group, demostrando que la creatividad bélica, por muy zumbona que sea, no tiene límites.
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Ay, la guerra moderna, siempre con sus drones, sus misiles guiados y sus sofisticadas tácticas. Pero de vez en cuando, el campo de batalla nos regala una joya tan inesperada que uno no sabe si reír o correr por si las moscas… o las abejas, en este caso. Y es que en la provincia de Cabo Delgado, Mozambique, donde un conflicto que se ha recrudecido en los últimos años enfrenta a insurgentes ligados al ISIS contra el gobierno local y una empresa militar privada, el ingenio (o la desesperación) ha alcanzado cotas apícolas.

Imagínense la escena. Helicópteros surcando los cielos, tropas en tierra, armamento de última generación… y de repente, ¡ZAS! Un enjambre de abejas cabreadas haciendo acto de presencia. Pues sí, señores y señoras, según informes de analistas como Jasmine Opperman, del proyecto ACLED (Armed Conflict Location and Event Data Project), los combatientes del Ahlu Sunnah Wa-Jama (ASWJ), vinculados al ISIS, han encontrado en los insectos polinizadores su nueva arma secreta. Su modus operandi es tan simple como efectivo: localizar colmenas cercanas y liberarlas justo en el momento más inoportuno para el enemigo.

¿Y cuál es el objetivo de esta táctica tan… *nature friendly*? Pues ni más ni menos que obligar a esos helicópteros del Dyck Advisory Group (una compañía militar sudafricana) a batirse en retirada o hacer que las tropas terrestres echen piernas (y algún que otro manotazo al aire, suponemos). Se cuenta incluso un episodio donde un jet de combate fue desplegado para atacar a los insurgentes, solo para encontrarse con una bienvenida de aguijones que, si bien no derribaría un avión, sí que provocaría más de un «¿¡PERO QUÉ NARICES ESTÁ PASANDO AQUÍ!?» entre la tripulación.

La verdad es que esto de usar bichos como armas no es nuevo. Los humanos, en nuestra infinita creatividad para el mal, llevamos siglos dándole al coco. Que si los antiguos griegos y romanos ya lanzaban enjambres en sus batallas, que si en la Edad Media te colaban cadáveres de víctimas de la peste en el castillo enemigo (¡eso sí que es un «regalito»!), o incluso la mismísima CIA, que en su día experimentó con gatos para misiones de espionaje. Y no olvidemos que el colega Thomas S. Verrecchia, otro analista, ha recordado que en Irak y Afganistán ya se usaron granjas de escorpiones y pozos de serpientes para fastidiar a las tropas estadounidenses. Así que, aunque nos parezca de película (de serie B, quizá), la guerra con fauna es una tradición ancestral.

En fin, que entre misiles, drones y ahora enjambres zumbadores, la guerra en Mozambique nos demuestra que la innovación armamentística puede venir de donde menos te lo esperas. Solo esperemos que nadie empiece a entrenar a los mosquitos. ¡Esa sí que sería una batalla de proporciones épicas y picaduras por doquier!