
¿Quién dijo que la vida de jubilado era tranquila? Para Steve Jones, de 68 años, residente en la soleada —o no tanto— Blackpool, Reino Unido, la paz se ha convertido en una auténtica batalla campal aérea. Sus enemigos no son otros que un ejército de palomas particularmente molestas, ruidosas y, según parece, con tendencias destructivas. Harto de ruidos, destrozos y, francamente, de la falta de respeto urbanística de estas aves, Steve decidió tomar medidas drásticas.
Y cuando decimos drásticas, queremos decir ¡montar una jaula! Pero no una jaulita de esas de mercadillo, no. Steve se construyó una estructura de madera de unos impresionantes ocho metros de largo por cuatro de ancho, cubriendo la mayoría de su tejado. El objetivo era cristalino: asegurarse de que ni un solo ‘enemigo alado’ se atreviera a posarse en su propiedad. En esencia, convirtió su casa en una fortaleza anti-palomas de estilo posapocalíptico, haciendo que su vivienda destaque —para bien o para mal— en el paisaje urbano.
Según Jones, esta megaestructura es una cuestión de “derecho humano”. Las palomas no solo le causaban un pandemónium de ruidos que atentaban contra su descanso, sino que también habían provocado daños estructurales significativos en su vivienda. Él afirma que la jaula es su única defensa efectiva contra estos invasores alados que, parece ser, le habían declarado la guerra personal.
Sin embargo, el Ayuntamiento de Blackpool no parece compartir el entusiasmo arquitectónico de Steve ni sus teorías sobre los derechos humanos aplicados a la ornitología. Los señores de la Concejalía consideran que la flamante “jaula anti-palomas” es una auténtica monstruosidad que ensucia la estética del vecindario. Y lo que es más importante para la burocracia: el buen Steve se olvidó del pequeño detalle de pedir la licencia de obras para su proyecto de ingeniería civil casera.
El ayuntamiento ha sido claro y tajante: o la retira o se enfrenta a medidas legales. La fecha límite para desmontar la obra ya está fijada. Parece que, por desgracia para Steve, en esta guerra territorial contra las palomas, el pájaro que canta y se lleva el triunfo, al final, es el de la burocracia.
