La Guardia Costera de EE. UU. ya no marca la esvástica como amenaza per se

La Guardia Costera de EE. UU. ya no marca la esvástica como amenaza per se
La Guardia Costera de EE. UU. ha actualizado su política sobre símbolos de odio, retirando la esvástica de la lista explícita de amenazas de seguridad para evitar "interpretaciones erróneas". Ahora, evaluará el contexto de cualquier símbolo, reconociendo su doble vertiente histórica: paz o terror. Esta movida busca una aplicación más matizada, aunque ha generado cierto revuelo.
0
0

¿Imaginas que una de las instituciones más serias de Estados Unidos, como la Guardia Costera, se pone a revisar su manual de ‘símbolos chungos’? Pues ha pasado. Y el protagonista es, ni más ni menos, que la esvástica. Sí, esa que todos asociamos (con razón y escalofrío) al nazismo y sus horrores. Pero ojo, que la cosa tiene más miga de lo que parece, y la burocracia, a veces, nos sorprende con giros argumentales dignos de Hollywood.

Hasta hace nada, si la Guardia Costera se topaba con una esvástica en un barco o instalación, se encendían todas las alarmas. Era uno de esos «símbolos de odio» que, bajo ciertas circunstancias, podían considerarse una amenaza para la seguridad. Pero mira tú por dónde, en su nueva política de 2023 sobre «Símbolos de Odio», han decidido quitar a la esvástica de la lista de ejemplos explícitos. ¿Se han vuelto blandos? ¿Acaso en la Guardia Costera se han aficionado de repente al ‘outfit’ de dictador? Pues no, tranquilos, que la cosa no va por ahí, y no, no van a poner esvásticas en los uniformes nuevos.

La razón, según el Contralmirante John C. Vann, responsable de la política de respuesta, es evitar «consecuencias no intencionadas» y «el potencial de interpretación errónea». Y es que, aunque para nosotros la esvástica sea sinónimo de terror, el símbolo tiene una historia muchísimo más antigua y, curiosamente, pacífica. En culturas como el budismo, el hinduismo o el jainismo, la esvástica ha sido durante milenios un símbolo de buena suerte, prosperidad y bienestar. Un poco como si el patito de goma que usas en la bañera fuera a la vez el emblema de una sociedad secreta malvada. Complicado, ¿verdad?

Así que, en lugar de señalar con el dedo a un símbolo en concreto y arriesgarse a que alguien con un tatuaje budista milenario acabe en un calabozo (que podría ser una situación un tanto incómoda y difícil de explicar), la nueva política de la Guardia Costera es más como un ‘detector de intenciones’. Ahora, cualquier «símbolo o imagen» que promueva odio, violencia o terrorismo será un problema. Da igual si es una esvástica o un dibujo de un gato con malas pulgas y un cartel de «muerte a los lunes», si la intención es de odio, la Guardia Costera actuará. Básicamente, han pasado de una lista de «malos conocidos» a una definición más amplia que cubre «cualquier cosa malvada que intentes poner». Más flexibilidad, menos rigidez, y más quebraderos de cabeza para los que tienen que decidir sobre el terreno.

Claro, la jugada no ha sentado bien a todo el mundo. Hay quien ve esto como un blanqueamiento del símbolo nazi o una falta de seriedad ante su significado histórico. Sin embargo, la Guardia Costera insiste en que esto no significa que aprueben el odio. Al contrario, lo que quieren es tener más herramientas para aplicar la ley de forma justa y contextualizada, juzgando el bosque y no solo el árbol, evitando así que un pobre monje indio sea confundido con un supremacista por llevar un símbolo milenario. Un lío, sí, pero un lío con buenas intenciones.

En resumen, es un ejemplo de cómo la burocracia intenta navegar las complejidades culturales y los significados cambiantes de los símbolos. Un baile delicado entre el pasado, el presente y las ‘consecuencias no intencionadas’ que, sin duda, nos deja pensando y con alguna que otra carcajada floja ante lo enrevesado del asunto.