La Generación TikTok suspende Historia del Cine: les aburre ver películas de dos horas

La Generación TikTok suspende Historia del Cine: les aburre ver películas de dos horas
Los futuros cineastas de la era del contenido ultracorto confiesan tener problemas graves para terminar películas de solo dos horas, obligatorias en el currículo. Citan que su atención está tan fragmentada que ver un clásico del cine se ha convertido en un maratón insufrible.
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La Universidad del Vídeo Corto (nombre ficticio, pero real en espíritu) está viviendo una crisis existencial inesperada en sus facultades de cine. Resulta que la nueva hornada de futuros cineastas, críticos y guionistas tiene un pequeño, o mejor dicho, grandísimo problema: no aguanta sentada viendo una película que dure más de lo que tarda en cargarse un carrete de vídeos de TikTok.

Estamos hablando, ni más ni menos, de que el requisito de ver un clásico de dos horas (¡solo dos horas!) se ha convertido en una tortura digna de una película de serie B. Los estudiantes están levantando la mano en clase para confesar: «Profesor, ¿es que no podría poner un tráiler más largo? Es que me distrae…». O como mínimo, pedir permiso para verla a 1.5x de velocidad para terminar cuanto antes.

¿Culpa de los ‘Shorts’ o de la atrofia atencional?

El diagnóstico es casi unánime entre los educadores más veteranos: la culpa es de la dieta constante de contenido de 15 a 60 segundos que ha cultivado una atrofia atencional monumental. Si no hay un cambio de plano, un giro de guion o un meme inesperado en los primeros treinta segundos, la mente del estudiante se desconecta y empieza a buscar el próximo estímulo dopaminérgico en su móvil. Es la tiranía del scroll infinito aplicada a la gran pantalla.

Los profesores de Historia del Cine, que antes se preocupaban por debatir la iluminación o la semiología en obras maestras como ‘Lawrence de Arabia’ (cuya versión extendida dura unas tres horas y media, ¡ay!), ahora se enfrentan a una batalla campal para conseguir que sus alumnos se mantengan despiertos durante clásicos de duración media como ‘Casablanca’. Algunos educadores, en un intento desesperado por salvar la formación, informan de que están teniendo que fragmentar las proyecciones en sesiones de media hora, o incluso asignar escenas específicas, transformando la experiencia cinematográfica continua en una serie de clips temáticos.

El dilema académico: ¿Adaptación o clímax rápido?

La ironía no pasa desapercibida. Los jóvenes que aspiran a crear obras de arte narrativas que duren, idealmente, más de hora y media, son incapaces de consumir el material fundacional de su propio campo. Es como un sastre que solo puede coser botones, o un chef que detesta masticar. El problema no es el cine en sí, sino la capacidad cerebral de procesar información sin necesidad de un golpe de efecto cada 10 segundos.

Este fenómeno pone en un aprieto a las instituciones académicas. ¿Deben los currículos adaptarse a las limitaciones atencionales de los alumnos, eliminando clásicos esenciales o proyectándolos en formato «resumen de 10 minutos para dummies»? O, por el contrario, ¿deben resistir e insistir en que parte de la formación cinematográfica pasa precisamente por aprender a apreciar las narrativas que se toman su tiempo, por lentas que parezcan a un cerebro acostumbrado al ritmo de un videoclip coreano.

Por ahora, parece que la única solución viable para estos futuros Scorcese que solo quieren hacer cortos es un buen café y una dosis masiva de autodisciplina. O tal vez, que alguien haga un ‘recap’ de dos minutos de ‘El Padrino’ con música de banjo. Eso seguro que lo ven y le dan un ‘like’.