La gallina que se negó a ser un huevo podrido y ahora tiene un Récord Guinness

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En el mundo de los récords Guinness, hemos visto de todo. Pero la historia de hoy tiene un sabor especial, uno que mezcla la ternura, la supervivencia y una buena dosis de cacareos. Os presentamos a Peanut, una gallina que no solo ha llegado a la venerable edad de 21 años, sino que lo ha hecho con el título oficial de «la gallina viva más vieja del mundo» bajo el ala.

La vida de Peanut empezó, literalmente, al borde del abismo… o más bien, de un estanque para tortugas. Su dueña, Marsi Darwin, de Michigan, había recogido una nidada de huevos que una de sus gallinas había abandonado. Uno de ellos parecía podrido y su destino era ser el almuerzo de las tortugas. Justo cuando Marsi se disponía a lanzarlo, escuchó un «pío» casi imperceptible. ¡Había alguien ahí dentro!

Con un cuidado infinito, Marsi ayudó a la pequeña a salir del cascarón. La cría era tan diminuta y frágil, sin ni siquiera el «diente» que usan los polluelos para romper la cáscara, que la bautizó como Peanut (Cacahuete). Rechazada por su propia madre, la pequeña Peanut encontró un hogar de lujo: una jaula para loros en el comedor de Marsi, donde pasó sus dos primeros años de vida como una más de la familia.

Lejos de ser una consentida toda su vida, Peanut finalmente se mudó al gallinero exterior, donde demostró que era toda una matriarca. Tuvo varias generaciones de polluelos y vivió una vida de gallina plena y feliz. Eso sí, con ciertos privilegios.

Ahora, en su vejez, Peanut ha vuelto a sus orígenes de mascota casera. Pasa los inviernos dentro de casa con Marsi y en compañía de su hijo, el gallo Lance. Según su dueña, es una «gallinita luchadora» con mucho carácter, pero que también adora acurrucarse en su regazo y ver la tele. Una jubilación más que merecida.

Con sus más de 21 años, Peanut ha superado a muchos y se ha ganado su placa del Guinness World Records. El récord anterior lo ostentaba Muffy, una gallina que falleció en 2012 con la increíble edad de 23 años. Peanut aún tiene camino por delante, pero de momento, ella es la reina indiscutible del gallinero global. Una historia que demuestra que nunca hay que dar un huevo por perdido.