La fuga de récord en San Diego: un hombre roba un coche patrulla y desata el caos

La fuga de récord en San Diego: un hombre roba un coche patrulla y desata el caos
En San Diego, un hombre buscado por la justicia se fugó de los juzgados, robó un coche de policía con las llaves puestas, atropelló a un agente, chocó contra un autobús (vacío, por suerte) y, tras otra colisión, intentó escapar a pie. Un día de locos que acabó con su detención y más cargos.
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¡Menuda movida en San Diego, colegas! Lo que os traemos hoy es la crónica de una huida que bien podría ser el guion de una comedia de acción de serie B, pero que, creednos, es más real que el pan nuestro de cada día. Nuestro protagonista, un tipo que ya tenía su historial, se presentó en el Tribunal Superior de San Diego para una vista preliminar. Hasta ahí, todo normal. Pero claro, cuando el juez le dice eso de «al calabozo», a nuestro amigo le debió dar un ataque de pánico escénico (o simplemente ganas de no ir a la sombra) y decidió que era el momento de largarse por patas.

Y sí, se largó. Corriendo como alma que lleva el diablo por los pasillos del Hall of Justice. Pero la cosa no se quedó ahí. Nuestro «escapista» particular se topó con el aparcamiento de la policía, y, ¡oh, sorpresa!, encontró un coche patrulla. Pero no uno cualquiera, no. Uno con el motor en marcha, las puertas sin cerrar y, atención, ¡las llaves puestas! Es lo que tiene la confianza, que a veces te la lía parda. Así que, ni corto ni perezoso, el hombre se monta en el bólido azul.

Aquí es donde la cosa se pone aún más dramática (y un poco absurda). Al intentar salir del parking a toda prisa, el coche patrulla se topa con un agente. ¿El resultado? El agente acaba con una pierna por debajo del vehículo. ¡Un atropello en toda regla! Por suerte, el valiente oficial está fuera de peligro y recuperándose, pero el susto no se lo quita nadie.

Nuestro improvisado «conductor de escape» no se detuvo ahí. Con el coche policial ya con alguna abolladura (o eso imaginamos), siguió su camino, directo a colisionar con… ¡un autobús! Menos mal que el bus estaba sin pasajeros en ese momento, porque si no, la cosa habría sido un auténtico desastre. Y para rematar la faena, tras el choque con el autobús, el coche patrulla acaba empotrado contra una pared cercana. Blanco y en botella, vaya.

En este punto, cualquiera con dos dedos de frente pensaría: «Vale, hasta aquí hemos llegado». Pero no nuestro hombre. Con el coche hecho un amasijo, decide que la mejor estrategia es… ¡volver a intentar la fuga a pie! Como si el universo no le hubiera dado ya suficientes señales. Pero, claro, el brazo de la ley es largo y, tras un breve pero intenso tira y afloja, los agentes consiguen reducirlo y ponerle los grilletes.

Así que, el día que empezó con un juicio, acabó con un atraco de coche policial, un atropello, un choque contra un autobús y una detención. La lista de cargos que se le han sumado es de órdago: asalto con arma mortal (el coche), robo de vehículo, atropello y fuga, agresión a un oficial y resistencia a la autoridad. Desde luego, la próxima vez que piense en escaparse, quizás le salga más a cuenta quedarse quietecito. ¡Vaya tela marinera!