La fiesta swing de Haarlem donde el COVID se ligó a casi todos

La fiesta swing de Haarlem donde el COVID se ligó a casi todos
Una fiesta en un club de swingers en Haarlem, Países Bajos, a principios de 2020, se convirtió en un inesperado 'super-propagador' del COVID-19. Un estudio reveló que el 84% de los asistentes contrajo el virus, confirmando la transmisión pre-sintomática en eventos sociales, aunque curiosamente, nadie enfermó de gravedad.
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Corría febrero de 2020. Por aquel entonces, la palabra ‘COVID’ era poco más que un murmullo lejano y las reuniones sociales, especialmente las más… digamos, *íntimas*, seguían siendo la norma. Y en la pintoresca ciudad de Haarlem, Países Bajos, se celebró una fiesta en un club de swingers que, sin saberlo, se convertiría en un caso de estudio epidemiológico digno de guion de serie. Spoiler: no hubo finales trágicos, pero sí un giro inesperado para la ciencia.

El evento en cuestión reunió a 97 almas valientes buscando conexión (y algo más) antes de que el mundo decidiera que quedarse en casa con pijama era el nuevo planazo. Dos años después, un estudio publicado en la revista Eurosurveillance, bajo el intrigante título ‘Contacto sexual y transmisión de SARS-CoV-2 en un clúster de casos holandés’, ha sacado a la luz los detalles de aquella noche. Y vaya si fueron reveladores.

¡Agarraos! La investigación, que se llevó a cabo con muestras de sangre de los 78 asistentes disponibles (uno fue descartado por no aportar muestra y otro ya venía con el virus de serie, ¡qué previsión!), demostró que el 71 de ellos presentaba anticuerpos contra el SARS-CoV-2. Esto se traduce en un impresionante 84% de los participantes que salieron de la fiesta no solo con historias, sino con el COVID-19 como recuerdo inesperado.

La media de edad de los presentes era de 40 años, un dato que añade un toque de ‘¡pero qué jóvenes!’, y el estudio confirma una teoría que ya sospechábamos: la transmisión pre-sintomática era una realidad y las fiestas (ya fueran de baile de salón o de cualquier otro tipo de ‘bailoteo’) eran el caldo de cultivo perfecto para que el virus se pasara de boca en boca… y de otras maneras. Es decir, que no hacía falta que estornudaras encima de tu pareja de baile para contagiarla, con un poco de cercanía ya bastaba.

Pero aquí viene el dato tranquilizador y un tanto cómico: a pesar del altísimo índice de contagio, ninguno de los asistentes requirió hospitalización ni sufrió la enfermedad de forma grave. ¡Ni uno! Parece que el amor libre, al menos en esta ocasión, vino sin costes sanitarios mayores. Los investigadores concluyen que la mezcla social, la cercanía y, sí, el contacto íntimo, fueron los ingredientes perfectos para este ‘super-propagador’ temprano del virus. Una lección vital para la ciencia y, quizás, para futuras fiestas. Eso sí, la próxima vez, ¡que sea con mascarilla y gel hidroalcohólico… o que al menos los tests de antígenos entren en el ‘pack’ de bienvenida!