
¿Qué es una fiesta universitaria sin un poco de drama, ¿verdad? Pero lo que pasó en una residencia privada cercana a la Universidad de Guelph, en Canadá, fue mucho más allá de un simple ‘drama’ de resaca o copas de más. Aquí, hablamos de fuego. Y no, no fue una barbacoa que se descontroló, ni unas velas de cumpleaños mal puestas. La cosa fue… digamos, bastante más ‘intencionada’.
Imagina la escena: música a tope, risas, vasos por doquier y el ambiente típico de una juerga de fraternidad de la Tau Kappa Epsilon. Todo parecía normal hasta que, según la policía de Guelph, alguien tuvo la brillante (y pésima) idea de rociar a un pobre incauto con algún tipo de líquido inflamable y, para rematar la faena, ¡prenderle fuego! Sí, has leído bien. El ‘ambiente’ se puso, literalmente, candente.
Como era de esperar, lo que empezó como una idea descabellada terminó en una catástrofe que requirió la intervención de los servicios de emergencia alrededor de las 12:45 de la madrugada del 10 de septiembre. El resultado fue un desmadre con doce personas heridas, con edades comprendidas entre los 18 y 22 años. Algunos sufrieron quemaduras bastante serias, mientras que otros se llevaron un susto de muerte y lesiones menores. En fin, el plan perfecto para que una noche de ‘diversión’ se convierta en una pesadilla inolvidable, y no precisamente por las razones correctas.
Detrás de esta chispeante ocurrencia están, presuntamente, Jeremy Gomersall y Ethan Coveney, ambos de 22 añitos. Se les han imputado cargos que van desde agresión, agresión con un arma (el fuego, claro está) y administración de una sustancia nociva, hasta incendio premeditado con resultado de lesiones corporales y negligencia criminal con resultado de lesiones corporales. Vamos, el pack completo para una velada que acabará en los juzgados.
La fraternidad Tau Kappa Epsilon, anfitriona de la juerga, seguro que ahora está pensando en cambiar su logo por unas llamas o algo más… ¡inflamable! Por su parte, la Universidad de Guelph se ha desmarcado rápidamente, confirmando que la fiesta era ‘fuera del campus’ y en una propiedad privada. Eso sí, han ofrecido apoyo a los estudiantes y afectados, que faltaría más. Esto nos deja pensando… ¿qué se les pasa por la cabeza a algunos en las fiestas? ¿Es el ‘espíritu de fraternidad’ tan intenso que requiere rituales de fuego? Esperemos que la próxima vez se conformen con un buen beer pong o un concurso de bailes ridículos. ¡Menos chispas y más risas, por favor!
