La fe del Monstruo Espagueti Volador en el carné de conducir de Kentucky

La fe del Monstruo Espagueti Volador en el carné de conducir de Kentucky
Un profesor de Kentucky, Pastafari, busca incluir un colador de pasta en su foto del carné de conducir por motivos religiosos. La oficina de transporte se niega, argumentando que no es una creencia sincera. Ahora, un juez debe decidir si el colador es un símbolo religioso legítimo, en un caso que pone a prueba la libertad de culto.
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Imagina la escena: vas a renovar el carné de conducir, te pones tu mejor sonrisa… y te niegas a quitarte el colador de pasta de la cabeza. ¿Locura? ¿O pura devoción?

Pues no es ni lo uno ni lo otro (o quizás un poco de lo primero, con cariño). Esto es lo que le ha pasado a John P. Skorski, un profesor de instituto en Kentucky, que ha llevado su fe Pastafari a los tribunales. Sí, has oído bien: Pastafari. Hablamos de la Iglesia del Monstruo Espagueti Volador (MEV), una religión paródica que ha ganado adeptos (y dolores de cabeza burocráticos) en todo el mundo con su peculiar credo que sostiene que el universo fue creado por un Monstruo Espagueti Volador invisible e indetectable.

Skorski, un creyente (o al menos un practicante del ‘pastafarianismo’), se presentó en la oficina del Departamento de Vehículos Motorizados de Kentucky con su simbólico colador de pasta, solicitando llevarlo en la foto de su licencia de conducir. Su argumento es sencillo: otras religiones tienen el derecho a usar cubrecabezas en sus documentos oficiales, ¿por qué no él con su sagrado colador? La respuesta de Kentucky fue un rotundo ‘no’. El departamento alegó que el colador obstruía la cara del profesor y, además, no consideraban su creencia como ‘sinceramente religiosa’, una de las condiciones para permitir excepciones.

Aquí es donde la cosa se pone picante. Skorski, ni corto ni perezoso, ha demandado al estado. El caso ha llegado a manos del juez de circuito Thomas Wingate, quien ahora tiene la divertida, pero seria, tarea de decidir si un colador puede ser un símbolo de fe legítimo bajo la Primera Enmienda de la Constitución de EE. UU., que garantiza la libertad religiosa. ¿Es el colador de Skorski un mero utensilio de cocina o un artículo sagrado comparable a un hiyab o un kipá? La pregunta es tan existencial como si la pasta se come con o sin cuchara.

Lo curioso es que el Pastafarianismo, aunque nació como una sátira del creacionismo y el diseño inteligente, ha sido reconocido como religión en algunos lugares (como en Nueva Zelanda o Países Bajos), lo que complica aún más la decisión del juez. Skorski no solo busca lucir su colador en la foto, sino que también está demandando al estado por no ofrecer un proceso de apelación adecuado para estos casos, una laguna que, según él, viola sus derechos. Así que, mientras la pasta se cuece, el destino del colador de Skorski y, quizás, el futuro de la libertad religiosa ‘pastafari’ en Kentucky, está en el aire.