En el mundo del skate, hay leyendas como Tony Hawk, y luego están los que lo intentan y, bueno, no les sale del todo bien. En esta última categoría tenemos a nuestro protagonista de hoy: una mofeta de Reading, Pensilvania, con grandes sueños y poca habilidad para el ‘drop-in’.
La historia comienza en un parque local, donde este pequeño mamífero de rayas blancas y negras decidió que era su momento de brillar. Quizás vio a los chavales hacer trucos y pensó ‘yo también puedo’. El problema es que las paredes lisas y curvas de un skate bowl de hormigón son una trampa mortal para quien no lleva una tabla bajo las patas. Nuestra intrépida mofeta se lanzó a la aventura y, como era de esperar, acabó en el fondo, sin posibilidad de salir.
Por suerte para ella, los héroes sin capa (pero con mucho cuidado de no llevarse un susto odorífero) de la Animal Rescue League of Berks County recibieron la llamada de auxilio. Al llegar, se encontraron con el animalito, probablemente arrepentido de sus ambiciones deportivas.
¿La solución? Nada de complejos artilugios. Los rescatadores optaron por la ingeniería de guerrilla: una simple tabla de madera colocada estratégicamente a modo de rampa. Al principio, la mofeta se mostró un poco desconfiada, como pensando si aquello no sería otro truco de skate demasiado avanzado. Pero tras unos momentos de vacilación, entendió el plan y subió por la tabla hacia la libertad.
El equipo de rescate, con un gran sentido del humor, comentó en sus redes sociales que la mofeta había intentado ‘shred some gnar’ (una expresión skater para patinar a tope), pero que el intento de ‘drop-in’ no le salió como esperaba.
Lo mejor de todo es que la aventura terminó sin dramas: la mofeta salió ilesa y, muy importante, no roció a ninguno de sus salvadores. Una lección aprendida: el skate es mejor dejarlo para los profesionales.




