Bienvenidos a Las Vegas, la ciudad donde los sueños se hacen realidad… o se estrellan de la forma más estrepitosa posible. Nuestros protagonistas, Mike Nelson y Anthony Adams, dos jóvenes de 22 y 23 años, debieron pensar que estaban en el rodaje de ‘Ocean’s Eleven’, pero su guion era más bien de comedia de bajo presupuesto.
La trama era, en apariencia, brillante: contactar con una joyería de lujo en el mítico hotel Bellagio para comprar, no uno, ni dos, sino tres Rolex por un valor total de casi 160.000 dólares. El plan para pagar semejante capricho era aún más ‘creativo’: un maletín lleno de fajos de billetes de 100 dólares. Pura opulencia.
El encuentro se produjo en un salón privado del hotel, como en las películas. Mike y Anthony, seguramente sintiéndose como los reyes del mambo, entregaron el maletín a la gerente de ventas. Aquí es donde su plan de Hollywood se topa con la cruda realidad. La estrategia del ‘timo de la estampita’ versión 2.0 consistía en colocar un billete de 100 dólares auténtico al principio y al final de cada fajo. El relleno, sin embargo, era pura fantasía: billetes de atrezo.
Y no era un atrezo de calidad, precisamente. Tras la marcha triunfal de nuestros ‘genios’, a la gerente algo no le cuadró. Al inspeccionar el dinero con más calma, descubrió el pastel. En cada billete falso se podía leer claramente la frase ‘For Motion Picture Use Only’ (Para Uso Cinematográfico Exclusivo). Por si fuera poco, todos los billetes tenían el mismo número de serie. Un detalle que, al parecer, se les pasó por alto en la preproducción de su golpe.
La gerente, entre la incredulidad y la indignación, alertó a la seguridad del casino. ¿Y dónde encontraron a nuestros estafadores? ¿Huyendo en un deportivo hacia México? No. Los encontraron tranquilamente en la sala de juego del mismo Bellagio, apostando. Y para colmo de la ironía, estaban perdiendo dinero del de verdad, unos 2.000 dólares.
Los agentes los detuvieron allí mismo, con los tres Rolex de lujo todavía encima. Ahora se enfrentan a cargos por robo y allanamiento, con una fianza de 20.000 dólares. Una historia que demuestra que, a veces, la realidad supera a la ficción, sobre todo cuando intentas pagar la realidad con ficción.




