La empatía es el nuevo pecado capital según algunos cristianos

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Ponerte en los zapatos de otro siempre ha sonado a buena idea, ¿verdad? Es la base de la convivencia, de la amabilidad, de no ser un cenutrio, básicamente. Pues agárrate, que vienen curvas. Resulta que en ciertos círculos cristianos conservadores de Estados Unidos, la empatía se ha convertido en el nuevo villano de la película. Sí, como lo oyes. Esa capacidad de sentir lo que siente el prójimo podría ser, según ellos, una autopista directa al pecado.

La voz cantante de esta peculiar cruzada la llevan figuras como Joe Rigney, presidente de un seminario en Minneapolis, o la podcaster Allie Beth Stuckey. Su argumento es que la empatía es una cosa ‘blandita y emocional’ que te nubla el juicio y te desvía del camino de la ‘verdad bíblica’.

Vamos a poner un ejemplo para que se entienda el percal. Imagina que un amigo tuyo está en una relación homosexual y te cuenta lo feliz que es. Tu instinto empático te llevaría a alegrarte por él, a decirle ‘¡qué bien, tío!’. Pues ¡error! Según esta corriente de pensamiento, al hacer eso estarías validando lo que ellos consideran un pecado. Lo correcto, en su opinión, no es conectar emocionalmente, sino soltarle la ‘verdad’ bíblica a la cara, por muy mal que le siente.

Para no parecer gente sin corazón, han inventado un término alternativo: la ‘compasión con principios’. Es decir, te ayudo a salir de tu sufrimiento (que según ellos es tu ‘pecado’), pero desde una distancia prudencial, sin dejar que tus sentimientos me salpiquen y me hagan dudar de mis dogmas. Es como ser el médico que te opera sin anestesia porque considera que el dolor te purifica.

Claro que no todo el mundo en el ámbito religioso compra este argumento. Historiadoras como Kristin Kobes Du Mez señalan que esta demonización de la empatía es una estrategia para mantener intactas las estructuras de poder de toda la vida, como el patriarcado. En resumen: si no empatizas con las mujeres o con el colectivo LGTBI+, es más fácil seguir manteniendo un discurso que los margina sin sentirte mal por ello. Es una especie de coraza teológica contra las experiencias ajenas que puedan hacerte cuestionar tu chiringuito.

Lo más irónico de todo es que la propia Biblia incluye pasajes como el de Romanos 12:15, que anima a ‘alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran’. Vamos, una definición de libro de lo que es la empatía. Pero parece que algunos prefieren una interpretación más selectiva.

Así que ya sabes, la próxima vez que sientas la tentación de comprender a alguien, piénsatelo dos veces. O no. Quizás sea mejor arriesgarse a ser un ‘pecador empático’ que un santo de hielo. El debate, desde luego, está servido en la mesa del conservadurismo americano.