
Agárrense los sombreros, que la historia que os traemos hoy tiene ingredientes que ni el guionista más imaginativo se atrevería a juntar. ¿Qué pasa cuando juntas a 300 avestruces, una granja canadiense, un brote de gripe aviar y a Robert F. Kennedy Jr., sí, el mismo que quiere ser presidente de Estados Unidos? Pues un auténtico culebrón digno de nuestros titulares.
Todo comienza en la tranquila Fort Macleod, Alberta, Canadá, donde la idílica vida de 300 avestruces ha tomado un giro dramático. Resulta que estas majestuosas aves, residentes de la granja «Ostrich Land», se han visto afectadas por un brote de la temida gripe aviar H5N1. Y como la cosa no es para tomársela a broma, las autoridades canadienses han dictaminado: sacrificio a la vista para evitar que el virus se convierta en una plaga.
Pero aquí es donde entra en escena nuestro personaje sorpresa, Robert F. Kennedy Jr. Sí, el aspirante a la Casa Blanca, conocido por sus posturas un tanto… particulares, ha decidido ponerse la capa de superhéroe de las aves corredoras. Al parecer, la noticia de la inminente criba de avestruces llegó a sus oídos (o más bien, a su Twitter) y no dudó en alzar la voz. En un gesto que nos dejó a todos con la boca abierta, RFK Jr. ofreció pagar de su bolsillo el traslado de estas 300 avestruces a un santuario en Texas. ¡Texas! ¿Os imagináis el road trip de 300 avestruces?
Con la vehemencia que le caracteriza, el político calificó la decisión de las autoridades como «arbitraria y cruel», sugiriendo que detrás de esto había un patrón de maltrato animal. Una intervención que, hay que admitirlo, añade un toque de surrealismo a la ya de por sí peculiar situación. ¿Un candidato a la presidencia salvando avestruces? ¡Eso sí que no lo habíamos visto venir!
Sin embargo, la burocracia y los protocolos sanitarios, por muy bienintencionada que fuera la oferta, son cosa seria. El Dr. Keith Lehman, veterinario provincial jefe de Alberta, fue muy claro al respecto: las directrices federales y provinciales exigen el sacrificio para prevenir la propagación de la enfermedad. Y es que el riesgo de que la gripe aviar salte a otras granjas, a las pequeñas bandadas de corral e incluso a las aves silvestres es demasiado alto. De hecho, el proceso de sacrificio ya había comenzado cuando RFK Jr. hizo su llamamiento. Un «¡Demasiado tarde, vaquero!» en toda regla.
No es la primera vez que se sacrifica a miles, o incluso millones, de aves en todo el mundo debido a la gripe aviar. Es una medida drástica, sí, pero que busca proteger la salud animal y pública a gran escala. Así que, aunque la noble causa de RFK Jr. nos haya sacado una sonrisa (o una ceja levantada), parece que el destino de estas 300 avestruces ya estaba sellado mucho antes de que se ofreciera a ser su salvador. Una historia con pena, pero también con una buena dosis de extrañeza y, por qué no decirlo, humor involuntario. ¡Larga vida (o al menos un intento de salvarlas) a las avestruces de Ostrich Land!
