
¡Agárrense los machos y las… carteras! Porque la noticia que nos llega desde la siempre sorprendente Corea del Norte es de esas que te hacen levantar una ceja y pensar: «¿En serio?». Resulta que el régimen de Kim Jong Un, en su eterna lucha contra el «decadente» estilo de vida occidental, ha encontrado un nuevo enemigo público: las cirugías estéticas. Y no hablamos de una discreta nota de prensa, no. Hablamos de juicios públicos en toda regla por, atención, ¡aumentos de pecho!
Sí, sí, han leído bien. En Hyesan, una ciudad norcoreana pegadita a la frontera con China (donde, suponemos, las tentaciones del «capitalismo» están a la vuelta de la esquina), varias mujeres han sido sentadas en el banquillo. ¿Su crimen? Pues, según el diario surcoreano Daily NK, conocido por sus fuentes internas en el país ermitaño, haber sucumbido a los encantos de la liposucción, la cirugía de párpados o, la estrella del show, los implantes mamarios.
Las acusaciones son dignas de un guion de ciencia ficción distópica con toques de comedia negra: «comportamiento antisocialista» y, la joya de la corona, «tendencias capitalistas». Parece que en Pyongyang, una talla de sujetador más grande o un pómulo más marcado son la quintaesencia de la «decadencia y lujo» asociados a la «prostitución» y el «abuso sexual» que, según ellos, pululan en las sociedades capitalistas. ¡Toma ya! Con esta lógica, las Kardashian serían las archienemigas número uno del Estado.
La sentencia para estas valientes… o desafortunadas… amantes del bisturí ha sido, ni más ni menos, que trabajos forzados. Se habla de penas de hasta un año, un precio considerable por querer sentirse un poco más a gusto con su cuerpo, o quizás, simplemente, por no encajar en el estricto canon de belleza (o anti-belleza) aprobado por el régimen.
Esta curiosa cruzada no es un capricho aislado. Viene directamente de arriba, ni más ni menos que de nuestro querido líder supremo, Kim Jong Un. Al parecer, la orden es clara: erradicar cualquier atisbo de influencia extranjera. Es parte de una campaña más amplia para que la gente sea leal, se aferre a los valores tradicionales y, sobre todo, no ande copiando las «modernidades» del exterior. Ya lo vimos con la prohibición de películas, música o moda foránea. Ahora, la guerra es contra el ‘contouring’ y los rellenos.
Lo irónico del asunto es que, mientras se persigue a estas mujeres, en las altas esferas de Pyongyang, entre la élite, las cirugías estéticas y los lujos occidentales no son tan raros. De hecho, el propio Kim Jong Un pasó su juventud estudiando en Suiza, donde seguramente vio de cerca mucha «decadencia» y «corrupción» que ahora prohíbe. ¡Cosas de palacio!
Así que, la próxima vez que te plantees un retoquito estético, da gracias por vivir en un lugar donde la mayor preocupación sea si la nariz nueva te va a sentar bien, y no si te va a costar un año de trabajos forzados por «tendencias capitalistas». ¡Corea del Norte, siempre dándonos material para pensar (y reír, con un nudo en la garganta)!
