
¡Agárrense, otakus del mundo! Imaginen ir a la Feria del Libro y que de repente prohíban vender a Cervantes. Pues algo así de surrealista ocurrió en la novena edición de la Convención Internacional de Dibujos Animados y Animación de China (CICAF), la madre de todos los eventos comiqueros del país.
Justo una semana antes de que se abrieran las puertas en Hangzhou, la organización soltó la bomba: veto total a cualquier cosa que oliera a animación o cómic japonés, es decir, ¡adiós al anime y al manga! Un giro de guion digno de una telenovela geopolítica barata.
Oficialmente, la excusa era la más digna posible: fomentar la producción nacional. Querían darle un empujón de tres pares de narices al *manhua* (cómic chino) y al *donghua* (animación china). Vaya, que se han puesto patrióticos con el lapicero. Según un representante, la medida servía «para promover la animación nacional y evitar disputas comerciales». Claro, claro. Muy conveniente.
El problema es que la jugada tiene truco y fecha: la prohibición llegó en un momento dulce de tensiones entre China y Japón a cuenta de unas islitas que ambos reclaman (las Diaoyu, para los amigos). Es decir, que el pobre Pikachu, la saga de *One Piece* y cualquier héroe nipón acabaron siendo víctimas colaterales de la geopolítica. La Convención, en lugar de ser un punto de encuentro cultural, se convirtió en una trinchera ideológica.
El resultado fue, como era de esperar, el caos absoluto. Los expositores que ya tenían sus stands montados, llenos hasta los topes de figuras y cómics japoneses (que son, no olvidemos, los que dominan el mercado local), tuvieron que hacer malabares. Tuvieron que tapar, retirar o esconder rápidamente todo el material nipón que, irónicamente, es lo que la gente quería comprar. Algunos se quedaron con la cara de circunstancias, pues la realidad es que intentar hacer un evento comiquero en China vetando el manga es como intentar hacer un cocido madrileño sin garbanzos. Absurdo e ineficaz.
La noticia, aunque data de hace unos años, sigue siendo un hito de lo esperpéntico, dejando claro que ni siquiera los mundos de fantasía y las convenciones frikis se libran de las purgas políticas. Si alguna vez vais a un evento de cómics en Asia, aseguraos de que no haya habido roces diplomáticos ese mes, no vaya a ser que os prohíban llevar vuestro cosplay favorito por conflicto territorial.
