
Imaginad la escena: la flor y nata de la inteligencia artificial, reunida en NeurIPS, su conferencia anual más prestigiosa. El lugar donde se presentan los avances más punteros, se discuten las ideas más rompedoras y, bueno, donde se espera que los trabajos sean revisados por cerebritos humanos y con criterio. Pues agarráos, porque este año la cosa se ha ido de madre, y no precisamente por una discusión acalorada entre gurús. ¡Resulta que la propia IA ha decidido echar una mano… o más bien una zancadilla!
Miles de reseñas de papers, esas valoraciones que deciden si un trabajo es digno de ser presentado, han aparecido con un tufo sospechoso: ¿generadas por inteligencia artificial? Sí, amigos, la ironía es de aúpa. Un evento sobre IA, puesto patas arriba por IA. Es como si el mismísimo ChatGPT se hubiera aburrido y hubiese decidido montar su propio sistema de ‘crítica literaria’ a lo loco.
Los encargados de organizar NeurIPS están sudando tinta china. En vez de centrarse en las charlas o los posters, están inmersos en una caza de brujas digital para identificar y eliminar estos comentarios clonados. Los revisores, pobres almas, se han topado con textos que suenan extrañamente genéricos, llenos de alabanzas vacías o, lo que es peor, con las famosas “alucinaciones” de la IA, donde se inventa datos o referencias que no existen. ¡Un despropósito!
¿Y quién está detrás de todo esto? Pues la picaresca humana, claro. Algunos autores habrían usado la IA para generar sus “refutaciones” a las críticas iniciales (lo cual, ojo, no está prohibido por las normas de NeurIPS), pero parece que otros se han venido arriba y han usado la IA directamente para escribir las reseñas de los trabajos de otros. ¿Para ahorrar tiempo? ¿Para intentar colar sus papers con valoraciones infladas? Quién sabe. Lo que sí está claro es que la ética académica está ahora mismo entre la espada y la pared cibernética.
La política de la conferencia es clara: la IA para escribir reseñas no está permitida. Pero claro, una cosa es la norma y otra muy distinta es pillar al “culpable” cuando los textos son cada vez más sofisticados. Los organizadores están trabajando a marchas forzadas para mitigar el daño, y la gran pregunta ahora es qué implicaciones tendrá esto para los miles de trabajos presentados y para la reputación de un evento tan crucial. De lo que no hay duda es que la inteligencia artificial no deja de sorprendernos… ¡incluso en los sitios más inesperados!
