La cita secreta de ExxonMobil con Rusia para repartirse el petróleo de Irak

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Imagínate que firmas un contrato de esos que cambian el juego, uno de 50.000 millones de dólares, con un país entero. Te comprometes, das la mano y todo parece ir sobre ruedas. Pues bien, ahora imagínate que, justo después, te pillan en una reunión secreta con un competidor para venderle tu parte del pastel a sus espaldas. Esto no es el guion de una serie, es lo que hizo ExxonMobil con Irak.

La historia es la siguiente: el gigante petrolero estadounidense tenía un acuerdo para desarrollar el enorme yacimiento de West Qurna-1, en el sur de Irak. En el contrato, como en cualquier acuerdo que se precie, había una letra pequeña. Una cláusula muy clara que decía, en lenguaje no legal: «Ni se te ocurra hablar con otras empresas para vender tu participación sin nuestro permiso». Un detalle sin importancia, al parecer, para Exxon.

¿Qué hizo la compañía? Exactamente lo que no debía. Mantuvo conversaciones secretas con altos cargos de Rusia para ofrecerles una porción de su participación. Sobre la mesa estaban nombres como Rosneft y Lukoil, dos pesos pesados del sector energético ruso. Todo esto, mientras la propia Exxon ya estaba en el punto de mira del gobierno de Bagdad por haber firmado otros acuerdos con la región autónoma del Kurdistán, algo que el gobierno central consideraba ilegal.

Básicamente, Exxon estaba jugando a dos bandas, cubriéndose las espaldas por si su aventura en el Kurdistán les costaba el contrato del sur. Buscaban un comprador por si acaso Bagdad cumplía su amenaza de echarles del proyecto.

Cuando el gobierno iraquí se enteró de estas negociaciones clandestinas, la reacción fue, como poco, de enfado monumental. Fuentes oficiales describieron la situación con palabras como «furiosos» y una frase que lo resume todo: «Nos han apuñalado por la espalda». No es para menos, la confianza se había roto por completo.

¿Y la respuesta de los implicados? Cuando se les preguntó por el asunto, tanto ExxonMobil como las compañías rusas se acogieron al clásico y socorrido «sin comentarios», un silencio que en el mundo corporativo a menudo dice más que mil palabras.

En definitiva, una trama de espionaje empresarial, contratos que parecen sugerencias y movimientos estratégicos dignos de una partida de ajedrez geopolítica. El mundo del petróleo, una vez más, demostrando que la realidad supera a la ficción.