
Si pasaste la década de los 2000 con un flequillo que te tapaba medio ojo, delineador negro hasta en el alma y cantando a pleno pulmón los temazos de My Chemical Romance o Fall Out Boy, tenemos unas noticias fantásticas para ti. Resulta que toda esa angustia adolescente no fue en vano: los análisis sobre hábitos musicales sugieren que los amantes de la música emo son, en realidad, las mentes más brillantes del lugar.
De la incomprensión al club de los genios
Siempre se ha bromeado con que los chavales de la subcultura emo eran demasiado dramáticos, pero la conexión entre los gustos musicales y la inteligencia ha puesto las cosas en su sitio. Al parecer, procesar letras complejas, melodías cargadas de intensidad y lidiar con esa montaña rusa emocional requiere una agilidad mental que no te da escuchar la canción del verano en bucle.
Incluso la popular plataforma BuzzFeed se hizo eco de esta tendencia en su momento, desatando la locura entre los nostálgicos. La premisa es clara: tu cerebro estaba haciendo pesas mientras tú te encerrabas a llorar en tu habitación.
¿Por qué los fans del emo tienen ventaja intelectual?
- Procesamiento emocional complejo: Entender y empatizar con las letras de Panic! At The Disco o Paramore desarrolla una inteligencia emocional superior. Básicamente, sabías canalizar tu rabia mejor que nadie.
- Afinidad por la complejidad: El rock alternativo suele tener estructuras musicales menos predecibles que el pop comercial, lo que estimula el cerebro de una forma mucho más profunda.
- Tendencia a la introspección: Pasar horas reflexionando sobre la vida (y actualizando tu perfil de MySpace con citas profundas) fomenta un pensamiento crítico y analítico envidiable.
«Quienes consumen música con mayor carga emocional y temática oscura tienden a mostrar niveles más altos de coeficiente intelectual y una enorme empatía.»
El flequillo tapaba un cerebro brillante
Así que ya lo sabes. La próxima vez que algún colega se ría de tu época oscura, de tus muñequeras de cuadros o de tu sana obsesión con Gerard Way, puedes mirarle por encima del hombro (o por debajo del flequillo imaginario) y recordarle que tu gusto musical te estaba preparando para dominar el mundo. ¡Que viva el eyeliner y el intelecto superior!
