La casa de Lee Kuan Yew: ¿patrimonio o chatarra según su dueño?

La casa de Lee Kuan Yew: ¿patrimonio o chatarra según su dueño?
El gobierno de Singapur ha declarado patrimonio histórico la casa de Lee Kuan Yew, el padre fundador del país. Curiosamente, el propio Lee había expresado su deseo explícito de que la propiedad fuera demolida tras su muerte para evitar cultos a la personalidad y gastos. La decisión, tomada justo antes de su 91 cumpleaños, ha generado bastante revuelo.
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¡Atención, amantes de las paradojas históricas! En una jugada que ríete tú del destino, el gobierno de Singapur ha decidido gazettear, es decir, declarar oficialmente como zona de conservación, la mismísima residencia del padre fundador de la nación, Lee Kuan Yew. Y sí, la cosa tiene miga, porque al venerable Lee le encantaría que su casa terminara siendo escombros.

La propiedad en cuestión, un humilde (para ser el hogar de un líder de esa talla) edificio en el 38 de Oxley Road, no es una casa cualquiera. Este rincón de Singapur es poco menos que un santuario político. Fue el epicentro donde se gestaron las estrategias del Partido de Acción Popular (PAP) y donde se fraguó la independencia de la pequeña pero matona ciudad-estado. Lee Kuan Yew vivió allí durante más de sesenta años, y las paredes, si hablaran, contarían la historia moderna de Singapur en primera persona.

El quid de la cuestión es que Lee, con su pragmatismo tan característico, dejó bien clarito en su testamento que, cuando él ya no estuviera, quería que la casa se fuera al garete, es decir, demolida. ¿El motivo? Evitar que se convirtiera en un «gala spectacle» –una especie de monumento al culto a la personalidad–, y para que su mantenimiento no fuera una carga para los contribuyentes. El hombre quería un solar, un lienzo en blanco para el futuro, no un mausoleo con goteras.

Pero, como diría el refrán, el gobierno de Singapur tenía otros planes. Justo antes del 91 cumpleaños del propio Lee, la Urban Redevelopment Authority (URA) hizo público el gazetting. ¿Qué significa esto? Pues básicamente que la casa está ahora bajo el paraguas de la conservación. Cualquier intento de demolición o «remodelación» tendrá que pasar por el aro de unas estrictas directrices patrimoniales, haciendo casi imposible tirarla abajo. Es como si el Estado le dijera a su fundador: «Sabemos lo que quieres, pero lo sentimos, eres demasiado importante para que tus deseos se cumplan en este tema».

Así que, mientras Lee Kuan Yew seguía entre nosotros, el pulso entre su voluntad de convertir su hogar en un recuerdo y el deseo del gobierno de perpetuarlo como hito histórico ya estaba en marcha. Una curiosa disputa póstuma (o casi) sobre un trozo de hormigón y ladrillo que representa mucho más que una simple vivienda. ¿Ganará el deseo del padre fundador o la voluntad del pueblo a través de sus instituciones? Parece que, de momento, la burocracia ha puesto la primera piedra (de la no-demolición).