La cara más estafada de internet: un hombre de Palm Springs vive un infierno romántico

La cara más estafada de internet: un hombre de Palm Springs vive un infierno romántico
Michael Karkoury, de Palm Springs, sufre acoso de mujeres que han sido estafadas con sus fotos en perfiles falsos de citas. Los timadores usan su imagen para fingir ser hombres adinerados y pedir dinero, dejando a Karkoury con amenazas y mensajes de odio, y a las autoridades impotentes.
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Imagina la escena: te despiertas una mañana, te tomas tu café y de repente, tu buzón está a reventar con mensajes furiosos de mujeres que juran que les has prometido el oro y el moro, para luego desaparecer con su dinero. No, no es una pesadilla de resaca ni un nuevo capítulo de Black Mirror. Es la surrealista realidad de Michael Karkoury, un hombre de 56 años de Palm Springs cuya cara se ha convertido, sin él quererlo, en la imagen de marca de un ejército de estafadores románticos.

Michael, pobre de él, no es un seductor de pacotilla que juega con los corazones ajenos. Él es simplemente él. Pero su rostro, que podría pasar por el de cualquier señor amable y solvente, es inexplicablemente popular entre los timadores del amor. Estos genios del mal se dedican a crear perfiles falsos como churros en plataformas como Match.com, Facebook, Twitter y hasta Skype, usando las fotos de Michael para dar vida a personajes tan variopintos como empresarios de éxito, ingenieros petroleros, militares condecorados o, mi favorito, ¡traficantes de diamantes! Todos ellos, convenientemente, trabajando en el extranjero y listos para encontrar al amor de su vida.

La cosa, claro, no acaba ahí. Una vez que enganchan a sus víctimas con promesas de amor eterno y un futuro juntos, llega la inevitable fase del «problema». Que si una emergencia médica repentina, que si necesitan dinero para viajar a verlas, que si unas tasas de aduana imposibles de pagar… Y así, el dinero de las víctimas vuela, y cuando la burbuja estalla, ¿quién recibe el chaparrón? Exacto, nuestro Michael. Ha recibido de todo: llamadas enfurecidas, correos electrónicos llenos de odio, e incluso amenazas. Una mujer, ni corta ni perezosa, quiso concertar una cita con él, no para un encuentro romántico, sino para «liarse a tortas». ¡Ahí es nada!

Michael ya no sabe dónde meterse. Tiene una carpeta, la «carpeta del infierno», llena de pruebas: correos, impresiones de conversaciones, y hasta la guinda del pastel: un pasaporte falso con su foto y un nombre que no es el suyo. Ha acudido al FBI, al departamento de delitos en internet y a la policía local, esperando que alguien pusiera fin a su calvario. ¿La respuesta? «Lo sentimos, señor Karkoury, a menos que pierda dinero o le cometan un delito a usted, no podemos hacer mucho. Quizás ponga sus redes sociales en privado». Vamos, que se apañe él solo.

La impotencia de Michael es palpable. Se siente atrapado en una pesadilla que no ha provocado, con su reputación por los suelos y las víctimas de estos estafadores buscando justicia en la cara equivocada. Su única esperanza es concienciar a la gente. Así que, queridos detectives del amor online, recordad el consejo de los expertos: si ese apuesto empresario de petróleo del que te has enamorado te parece demasiado bueno para ser real y te pide dinero, haz una búsqueda inversa de su foto. Y si es Michael Karkoury, ¡huye! No es él, y te estás metiendo en un lío de los gordos.