La candidata ecologista que se esfumó en velero y reapareció con ganas de paz

La candidata ecologista que se esfumó en velero y reapareció con ganas de paz
Sarah Ferguson, candidata del Partido Verde, desapareció misteriosamente en mayo tras un viaje en velero con amigos desde Escocia a Países Bajos. Meses después, fue localizada sana y salva en Bélgica. La policía confirmó que la “espíritu libre” había decidido quedarse allí y no deseaba contacto familiar por el momento, cerrando así la peculiar investigación.
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Agárrense, que esta historia no tiene desperdicio. Imaginen la escena: en pleno ajetreo político, con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, una candidata desaparece del mapa. No, no es una novela de espías ni una conspiración a lo ‘House of Cards’. Es la vida real, protagonizada por Sarah Ferguson, una entusiasta del Partido Verde británico con un espíritu tan libre como el viento que la llevó a alta mar.

Todo empezó en mayo de 2013. Sarah, que debía volver a Londres para darle caña a la campaña, se embarcó en una aventura de lo más pintoresca: un viaje en velero desde la fría Escocia hasta los molinos de Países Bajos. ¿Con quién? Con unos «nuevos amigos» que, suponemos, no conocía de la asamblea del partido. La última vez que se la vio fue cerca de Ostende, Bélgica, y ahí, amigos, se esfumó.

Su madre, Fiona, que no es de las que se quedan con los brazos cruzados, empezó a mosquearse cuando la falta de noticias se convirtió en un silencio sepulcral. Se abrió una página de Facebook llamada «Find Sarah Ferguson», la gente estaba preocupada y la prensa, como es lógico, ya olía a noticia de esas que no te crees. Una candidata política que se va de velero y desaparece, ¿quién da más? La pobre Fiona solo podía lamentar: «Es un misterio. Simplemente desapareció de la faz del planeta». Y ojo, que su hija ya le había dejado una notita antes de partir, avisando de que quizás estaría fuera un tiempo. Parece que el ‘un tiempo’ de Sarah era algo más elástico de lo que su madre imaginaba.

Meses después, cuando la esperanza empezaba a flaquear, ¡zas! La policía dio con ella. ¿Dónde? Pues en Bélgica, la misma Bélgica donde se la vio por última vez. Y aquí viene lo mejor: Sarah no estaba secuestrada, ni perdida, ni en una isla desierta luchando por su supervivencia. Estaba «viva y bien», y, atención, «no retenida contra su voluntad». De hecho, había «decidido quedarse» y, la guinda del pastel, «no deseaba contactar con su familia en ese momento». ¡Toma ya!

La policía, tras confirmar que la candidata estaba en perfecto estado y por elección propia, cerró la investigación. Imaginamos la cara de su madre, que pasó de la angustia al alivio, y del alivio a una mezcla de incomprensión y, seguramente, ganas de darle un buen coscorrón a su hija. «Está bien, pero no quiere hablar con nosotros. Es muy extraño», comentaba Fiona.

Y es que, al parecer, Sarah no era una política al uso. Su madre la describía como un «espíritu libre», una persona que había hecho trabajos de caridad en lugares tan dispares como India y Nepal. Vamos, que la vida sedentaria de la política local no era precisamente su taza de té. Al final, lo que parecía un drama con tintes de película de misterio resultó ser una simple, pero muy curiosa, decisión de «desconexión digital» (y familiar) de una candidata con alma de aventurera. Moraleja: nunca subestimes las ganas de libertad de un espíritu verdaderamente libre, ni siquiera si tiene que hacer campaña.