La campaña de Lauren Boebert compara el precio de la gasolina con las tasas universitarias, la hipérbole electoral definitiva

La campaña de Lauren Boebert compara el precio de la gasolina con las tasas universitarias, la hipérbole electoral definitiva
La campaña de reelección de la congresista republicana Lauren Boebert ha enviado un correo electrónico de recaudación de fondos que ha desatado la polémica. El mensaje preguntaba a sus votantes si estaban hartos de que el precio de la gasolina "se parezca a la matrícula universitaria de su hijo".
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En el intrincado y a veces hilarante mundo de la política estadounidense, donde el arte de exagerar es casi un requisito del cargo, la congresista republicana Lauren Boebert siempre se las arregla para subir el listón. Y no nos referimos precisamente a subir el sueldo mínimo, sino al nivel de la hipérbole electoral.

La última genialidad de su equipo de campaña, con el objetivo de llenar las arcas de cara a su reelección, ha sido enviar un correo electrónico que, digámoslo claramente, ha dejado a la gente entre la incredulidad y las lágrimas de la risa. La pregunta clave que lanzaban a sus posibles donantes era la siguiente: “¿Estás cansado de los precios de la gasolina que se parecen a la matrícula universitaria de tu hijo?”.

Sí, han leído bien. Los genios del marketing político de Boebert han decidido comparar la factura que te cobra Repsol por llenar el depósito de un SUV –pongamos 70 euros si apuramos– con el coste de una carrera universitaria completa, que en Estados Unidos puede ascender fácilmente a las decenas de miles de dólares por año. Es como comparar el precio de un café con leche con el de un piso en el centro de Madrid; no hay por dónde cogerlo.

La intención detrás de este dardo digital es clara: culpar a la administración actual del coste de la vida y usar la gasolina como un símbolo universal de inflación. Pero, francamente, la escala de la comparación ha provocado que muchos analistas, y por supuesto los usuarios de redes, se pregunten si es que Boebert está pagando una carrera universitaria solo con lo que ahorra en descuentos por puntos en la gasolinera, o si simplemente sus hijos estudian carreras muy baratas. Es una metedura de pata cósmica que ignora por completo la realidad financiera, incluso para los estándares de la política más radical. Lo que está claro es que, en la lucha por conseguir la atención (y el dinero) del votante, a algunos políticos la licencia poética se les va de las manos, llegando al reino de lo absurdo.