
A ver, que levante la mano quien piense que la historia a veces tiene un sentido del humor un poco retorcido. Porque lo que ha pasado en Fort Snelling, una base militar en Minnesota, es digno de un guion de película. Imagina un lugar marcado por uno de los capítulos más oscuros de la historia de Estados Unidos y, de repente, ¡zas!, se convierte en todo lo contrario. Abróchate el cinturón, que vienen curvas.
Nos plantamos en la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos está en plena paranoia y decide que todos sus ciudadanos de ascendencia japonesa son sospechosos. ¿La ‘solución’? Encerrar a más de 120.000 de ellos en campos de internamiento. Una auténtica vergüenza, vamos. Mientras tanto, en Fort Snelling, el ejército estaba haciendo algo, cuanto menos, paradójico: entrenar a soldados estadounidenses de origen japonés para que sirvieran como lingüistas e traductores en el frente del Pacífico. Sí, has leído bien. Mientras sus padres, hermanos y abuelos estaban encerrados por ser ‘japoneses’, estos valientes se jugaban el tipo por el país que los discriminaba. La ironía se sirve sola, pero es que encima venía con guarnición.
Avancemos rápido hasta hoy. ¿Qué crees que hay ahora en los terrenos de esa misma base militar? ¿Un museo sobre la guerra? ¿Otro cuartel? ¡Pues no! Ahora hay un colegio público, el ‘Puente a las Estrellas’, donde niños desde infantil hasta primaria aprenden matemáticas, ciencias y el resto de asignaturas… ¡en japonés! Es para alucinar. La directora, Yoshie Mizukami, lo ve como un círculo que se cierra, una forma de darle un nuevo significado, mucho más positivo, a un lugar con un pasado tan cargado.
El giro de guion es de los que te dejan con la boca abierta. Un lugar que fue epicentro de una contradicción histórica brutal —entrenar a japoneses-americanos para la guerra mientras se demonizaba su cultura y se encerraba a sus familias— es ahora un centro que celebra y difunde precisamente esa lengua y esa cultura. Es como si el universo hubiera decidido hacer las paces consigo mismo y dijera: ‘Venga, va, vamos a arreglar este desaguisado con un poco de justicia poética’.
Así que ya ves, la próxima vez que pases por un lugar con historia, piensa que quizás en unas décadas podría ser algo totalmente inesperado. Fort Snelling ha pasado de ser un símbolo de la desconfianza y la guerra a convertirse en un puente entre culturas para las nuevas generaciones. Si esto no es un final feliz con un toque irónico, que baje un guionista de Hollywood y lo vea.
