La aventura en moto de una estrella de OnlyFans que acabó en un arresto en Bali

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¡Ojito con las escapadas románticas si decides grabarlas en Bali! Que se lo digan si no a Bonnie Blue, una conocida creadora de contenido para adultos en OnlyFans, cuya reciente aventura amorosa sobre dos ruedas ha terminado con un billete directo a comisaría, y no precisamente para una sesión de fotos.

La historia es de esas que te hacen levantar una ceja y pensar: «¿En serio?». Bonnie Blue, cuyo nombre real es Porche Love, junto a su compañero Gede, un caballero indonesio, decidieron que el asfalto de Seminyak, en Bali, era el escenario perfecto para rodar un vídeo, digamos, «íntimo». Y no uno cualquiera, sino uno donde daban rienda suelta a su pasión montados en una motocicleta, a plena luz del día y sin cortes. El material, como era de esperar en la era de internet, se hizo viral más rápido que un meme de gatitos, saltando de las redes sociales al mismísimo OnlyFans.

Claro, lo que para unos era contenido «picantón» y para otros, un bochorno público, para la policía de Bali fue un delito de libro. El pasado 29 de agosto, después de recibir un aluvión de quejas de ciudadanos, los agentes no se anduvieron con chiquitas: Bonnie y Gede fueron detenidos. Y aquí es donde la cosa se pone seria, muy seria.

Indonesia tiene unas leyes de pornografía que no son precisamente permisivas. Ambos se enfrentan a cargos bajo la Ley 44 de 2008, que castiga estas acciones con penas que te dejarían helado: ¡hasta 10 años de cárcel y una multa que podría ascender a unos 327.000 dólares (unos 300.000 euros)! Vamos, que la cosa no es moco de pavo.

La policía de Bali está investigando hasta el último detalle, incluyendo si hubo cómplices en la grabación del vídeo. Y no es un caso aislado, Balí ya ha demostrado antes que no se anda con bromas en estos temas. Recordemos el caso de aquella pareja rusa que fue deportada por sacarse una foto desnudos en un árbol sagrado. Así que, la próxima vez que te apetezca «inspirarte» en un lugar público paradisíaco, piénsatelo dos veces. O mejor, tres. Las consecuencias pueden ser mucho más «calientes» de lo que esperabas.