
Imagina la escena. Domingo de Pascua, estás tranquilamente en tu casa de Bristol, y de repente tu marido suelta un ‘¡Mira, una rata blanca!’. Pero no, no era una rata. Lo que la familia McFarlane estaba a punto de descubrir era mucho más alucinante: una ardilla blanca, un avistamiento tan raro que la probabilidad de que ocurra es de una entre un millón.
Este pequeño espectro del bosque no es un fantasma, ni tampoco es albino. Los expertos de Wildlife Trusts lo confirman: se trata de un ejemplar con leucismo. ¿Y eso qué significa? Pues que tiene una pérdida parcial de pigmentación, lo que le da ese pelaje blanco nuclear, pero mantiene sus ojazos oscuros, a diferencia de los albinos que los tienen rojizos. Un detallito que lo hace aún más especial.
La primera en quedar fascinada fue Shaughna, la hija de la familia, quien no dudó en bautizar a su nueva amiga como ‘Hope’ (Esperanza). Según su madre, Angela, la niña se quedó ‘transfigurada’ al verla. Y no es para menos. Desde aquel primer encuentro, ‘Hope’ se ha convertido en una visitante asidua del jardín de los McFarlane, dándose festines en el comedero de los pájaros como si fuera la reina del lugar.
La familia está encantada, describiendo la experiencia como ‘hipnótica’ y ‘una alegría de ver’. Mientras las ardillas grises son el pan de cada día en el Reino Unido, toparse con una blanca es como encontrar un unicornio en el supermercado. Un pequeño milagro de la naturaleza que ha decidido convertir un jardín de Bristol en su restaurante de cinco estrellas.
