Hay jefes que te regalan una cesta de Navidad, un calendario o un bolígrafo con el logo de la empresa cuando haces un buen trabajo, y luego está Kim Jong Un. El líder de Corea del Norte ha decidido que la mejor forma de motivar a sus altos mandos tras una intensa jornada de fuego real no es un bono de productividad, sino entregarles personalmente un fusil de asalto recién salido de fábrica.
Prácticas de tiro con souvenir incluido
Todo ocurrió durante unas maniobras militares de gran envergadura donde el estruendo de la artillería y los lanzacohetes múltiples fueron los protagonistas. Kim supervisó personalmente cada disparo, asegurándose de que su ejército esté tan afilado como un cuchillo de cocina. Pero lo que realmente ha acaparado los titulares no ha sido el despliegue balístico, sino el regalito que recibieron los oficiales al terminar el ejercicio: unidades de un nuevo modelo de fusil de fabricación nacional.
Un gesto de confianza al estilo Pyongyang
Estos fusiles no son simples armas de dotación para el campo de batalla; se han entregado como un símbolo de confianza absoluta y un recordatorio de la lealtad inquebrantable que se espera de la cúpula militar. Mientras que en otros ejércitos los generales se conforman con una medalla o una placa conmemorativa para colgar en el salón, en Pyongyang se vuelven a casa con armamento ligero de última generación bajo el brazo. Según los medios estatales, este gesto del Líder Supremo pretende elevar la moral y subrayar la importancia de la modernización técnica del equipo militar coreano.
La escena de los oficiales posando orgullosos con sus nuevas herramientas de trabajo deja claro que, en el entorno de Kim, el mejor reconocimiento es aquel que tiene gatillo y cargador. Un día más en la oficina para el mando norcoreano, donde el merchandising de empresa se toma muy, pero que muy en serio.




